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El Perdón
Temas Bíblicos
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EL PERDÓN


"Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre Celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas". Mateo 6:14,15.
Perdonarte tú mismo o perdonar a otro es haber decidido vivir el momento presente.

"¡Jamás se lo perdonaré a mi madre!" "¡Eso es algo que no me podré perdonar jamás!"

¿Te resultan familiares estas expresiones? Si nos rehusamos a perdonar a otro, nuestra actitud es ésta: "En vez de solucionar las cosas, prefiero vivir en el pasado y echarle la culpa a otro (o a mi mismo)". No perdonarnos nosotros mismos, significa permanecer en una espiral de culpabilidad, y someternos a un poco más de angustia mental.

Perdonar a otros

Hay quienes tienen ideas equivocadas del perdón. Piensan que si no perdonan a mamá porque actuó mal, el problema es de mamá. El problema no es de mamá, ¡sino de ellos!. Cuando nos rehusamos a perdonar, NOSOTROS sufrimos. ¡Muchas veces el "culpable" ni siquiera sabe qué estamos pensando!. Él sigue feliz de la vida mientras nosotros nos sometemos a una interminable tortura mental.

Soportándonos unos a otros, y perdonándonos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Colosenses 3:13.

Si me niego a perdonar a mi cuñado por determinado motivo, yo soy el que sufro. A él no le salen úlceras, ni tiene insomnio, ni está molesto, ni padece un desagradable disgusto. El que sufre soy yo. No es extraño que se nos mande "perdonar a los que nos ofenden". Es la única manera de estar felices y saludables. La falta de perdón es una de las principales causas de enfermedad, porque una mente infeliz engendra un cuerpo infeliz.

Además, si culpamos y responsabilizamos a otros individuos de nuestra infelicidad, rehusamos admitir nuestra propia responsabilidad. Echarles la culpa a otros nunca le ha servido de nada a nadie. En cuanto dejamos de echarles la culpa a los demás, estamos en posición de hacer algo por mejorar las cosas. Culpar a otros es una excusa para no asumir la realidad; una excusa para no actuar.

Es posible que alguien diga: "Te perdono, pero aún no se me olvida lo que sucedió". Lo que esta persona realmente quiere decir es: "Te perdono ligeramente, pero quiero guardar un poco de lo mismo por si acaso más adelante conviene que te lo recuerde". El verdadero perdón es olvidarse completamente del hecho.

Hay quienes jamás perdonan a sus padres y arruinan sus vidas sólo para demostrarles cuan mal los criaron! El mensaje de este tipo de personas es: "Por tu culpa vivo sin dinero, solitario e infeliz; así que ahora vas a tener que verme sufrir".

Echarles la culpa a los demás no nos lleva a ningún lado. Lo pasado, pasado. Aferramos al ayer no cambia nada. Echarle la culpa al clima nunca le ha servido de nada a nadie. Tampoco echarles la culpa a otros.

Cuando optamos por perdonar, un maravilloso principio entra en acción. Al sufrir nosotros una transformación, los demás también cambian. Al modificar nuestra actitud hacia los demás, ellos a su vez empiezan a cambiar su conducta. Por alguna razón, en el instante en que optamos por modificar nuestra forma de ver las cosas, los demás responden a nuestro cambio de expectativas.

Perdonarse uno mismo

Si perdonar a los demás es difícil, perdonarse uno mismo lo es más. Muchas personas se pasan la vida castigándose mental y físicamente por lo que consideran deficiencias personales. Hay quienes comen de más y quienes comen de menos, quienes beben para olvidar, quienes sistemáticamente destruyen todas sus relaciones.

Todo este sufrimiento probablemente se origina en un sistema de creencias como las siguientes: "He hecho muchas cosas negativas", "soy culpable", "no merezco estar sano y feliz". ¡Te sorprendería saber cuántos enfermos no creen que merezcan estar sanos y felices!

Si sigues sintiéndote culpable actualmente, me inclino a pensar que ya te has atormentado lo suficiente. ¿Para qué prolongar la agonía? De nada te servirá.
Despójate de la culpa. No quiero decir que sea fácil. Conservar la salud mental cuesta mucho trabajo. Pero el esfuerzo vale la pena.

En síntesis

Culpar y sentirse culpable son actitudes igualmente peligrosas y destructivas. Echarle la culpa al destino, a los demás, o a nosotros mismos, es evadir el meollo del asunto, que consiste en tomar medidas para resolver el problema. Es nuestra opción salir adelante en la vida y vivir el presente, o encadenarnos a rencores y amarguras del pasado.


 



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