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Capítulo 11 - La Decadencia De La Conciencia
Poder de lo Alto
Viernes, 29 de Junio de 2012 21:58
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PODER DESDE LO ALTO

POR CHARLES FINNEY

 

Capítulo 11

 

La Decadencia De La Conciencia

Creo que es un hecho admitido generalmente que hay mucho menos conciencia manifestada por hombres y mujeres en casi todos los aspectos de la vida que hace 40 años. Hay justamente mucha queja de esto, y parece ser que hay poco prospecto de reforma. Las camarillas, fraudes y acciones ruines en lugares altos y bajos, en todos los niveles de los hombres son muy alarmantes, y uno casi es llevado a preguntar "¿Acaso nadie puede ser de confianza? Ahora, ¿cuál es la causa de esta degeneración? Sin duda hay muchas causas que contribuyen más o menos directamente, pero estoy convencido que la falla es más en el ministerio y la prensa pública que en cualquier otra cosa. Ha estado de moda ahora y por muchos años ridiculizar y desaprobar el puritanismo. Los ministros han dejado, en mayor medida, de sondear en las conciencias de los hombres con la ley espiritual de Dios. Hasta donde sé ha habido una gran decepción e ignorancia de los reclamos de búsqueda de la ley de Dios, como se revela en su palabra. Esta ley no sólo es el único patrón de moralidad verdadera. "Por medio de la ley es el conocimiento del pecado". La ley vivifica la conciencia humana. Sólo en proporción en tanto la espiritualidad de la ley de Dios se mantenga fuera de la vista habrá una manifestación de la decadencia de la conciencia. Esto debe ser el resultado inevitable. Dejen que los ministros ridiculicen el puritanismo, intenten predicar el evangelio sin sondear extensivamente la conciencia con la ley divina, y esto debe resultar, por lo menos, en una parálisis parcial del sentido moral. El error que yace en el fundamento de esta decadencia de conciencia individual y pública se origina, sin duda, en el púlpito. Los guardianes apropiados de la conciencia pública han, me temo, descuidado mucho el exponer e insistir en la obediencia a la ley moral. Es claro que algunos de nuestros predicadores más populares son frenólogos. La frenología no tiene órgano de libre albedrío. Así, no tiene agencia moral, ninguna ley moral y obligación moral en cualquier sentido de estos términos. Un frenólogo consistente no puede tener ninguna idea de obligación moral, culpa moral, censurabilidad y retribución. Hace unos años un hermano de uno de los predicadores más populares me escuchó predicar sobre el texto: "Reconciliaos con Dios". Mostré, entre otras cosas, que el reconciliarse con Dios implicaba reconciliarse con la ejecución de la ley. Me visitó la mañana siguiente, y entre otras cosas dijo, que ni él mismo ni dos de sus hermanos, a quienes nombró, todos predicadores, no tenían naturalmente ninguna conciencia. "No tenemos", dijo, "esas ideas en nuestras mentes de pecado, culpa, conciencia, justificación y retribución como usted y papá tienen". No podemos predicar sobre esos temas como usted". Prosiguió: "Me cuesta trabajo cultivar una conciencia, y creo que empiezo a entender lo que es. Pero, naturalmente, yo ni los dos hermanos que he nombrado no tenemos ninguna conciencia". Ahora bien, estos tres ministros han repetidamente aparecido en sus escritos ante el público. He leído mucho de lo que han escrito y muchas veces los sermones de uno de ellos, y me ha sorprendido la falta manifiesta de conciencia en sus sermones y escritos. Es un frenólogo, y de este modo, no tiene en sus posturas teológicas de libre albedrío, ninguna de agencia moral, y nada que sea un resultado lógico del libre albedrío y la agencia moral. Puede ridiculizar el puritanismo y las grandes doctrinas de la fe ortodoxa; y, en efecto, toda su enseñanza, la que he leído, muy lamentablemente muestra la falta de discriminación moral. Debo juzgar por sus escritos que las verdaderas ideas de depravación moral, culpa, desmerecimiento, en la aceptación verdadera de estos términos, no tienen cabida en su mente. Efectivamente, como un frenólogo consistente, tales ideas no tienen derecho en su mente. Son necesariamente excluidas por su filosofía. No sé cuán extensivamente la frenología ha envenenado las mentes de ministros de denominaciones diferentes, pero he observado con dolor que muchos ministros que escriben para la prensa pública no logran alcanzar las conciencias de los hombres. No logran ir al fondo del asunto e insistir en la obediencia a la ley moral como lo único aceptable para Dios. Me parece que ellos "invalidan la ley por fe". Parecen sostener un patrón diferente de lo que se inculca en el sermón del monte, el cual fue la exposición de Cristo de la ley moral. Cristo expresamente enseñó en ese sermón que no había salvación sin la conformidad a la regla puesta en ese sermón. La verdadera fe en Cristo siempre e inevitablemente concebirá una vida santa. Pero me temo que se ha vuelto moda predicar lo que equivale a un evangelio antinomiano. La regla de vida promulgada en el evangelio es precisamente aquélla de la ley moral. Estas cuatro cosas son claramente afirmadas de la fe verdadera--de la fe del evangelio:

1. "Establece la ley".

2. "Obra por amor".

3. "Purifica el corazón".

4. "Vence al mundo".

Éstas son las formas diferentes de afirmar que la regla de fe produce, de hecho, una vida santa. Si no lo hiciera, haría inválida la ley. El verdadero evangelio no se predica en donde la obediencia a la ley moral se insiste como la única regla de vida.

Donde hay un fracaso para hacer esto en las instrucciones desde cualquier púlpito, inevitablemente se verá que los oidores de un evangelio mutilado tendrán muy poca conciencia. Necesitamos más Boanerges o Hijos del trueno en el púlpito. Necesitamos hombres que destellen la ley de Dios como relámpago lívido y despierten las conciencias de los hombres. Necesitamos más puritanismo en el púlpito. Seguramente, algunos de los puritanos fueron extremistas. Pero aún bajo su enseñanza había un estado diferente de la conciencia individual y pública de lo que existe en estos días. Aquellos antiguos, severos y grandes vindicadores del gobierno de Dios hubieran arrojado rayos y centellas hasta que hubieran casi acabado con sus púlpitos, si cualesquiera de tales inmoralidades se hubiesen mostrado bajo sus instrucciones como hoy en día es común. En mayor medida la prensa toma su tono desde el púlpito. La literatura universal del presente muestra concluyentemente que el sentido moral de la gente necesita tonificación y algunos de nuestros predicadores más fascinantes se han vuelto los favoritos de los infieles, escépticos de todo nivel, universalistas, y los tipos más abandonados. ¿Y ha cesado la ofensa de la cruz, o se tiene a la cruz fuera de la vista? ¿Se ha vuelto popular la ley santa de Dios, con su precepto severo y castigo horrible con los hombres y mujeres inconversos? ¿O se ignora en el púlpito, y el predicador es alabado por ese descuido del deber por el que debe ser despreciado? Creo que la única forma posible de detener esa tendencia a la baja en la moral privada y pública es sostener los púlpitos en esta tierra con fidelidad abundante, todo el evangelio de Dios, incluyendo como la única regla de vida la ley santa y perfecta de Dios.

El sostenimiento de esta ley revelará la depravación moral del corazón, y el predicar la limpieza de la sangre de Cristo limpiará el corazón de pecado. Mis amados hermanos en el ministerio, ¿acaso no hay una gran carencia en las inculcaciones públicas del púlpito sobre este tema? Estamos puestos para la defensa del bendito evangelio y para la vindicación de la ley santa de Dios. Ruego que ustedes escudriñen la conciencia de nuestros oidores, con estruendo hablemos de la ley y del evangelio de Dios hasta que nuestras voces lleguen a la capital de este nación, a través de nuestros representantes en el congreso. Es muy normal que los diarios seculares publiquen porciones de sermones. Demos a los reporteros de la prensa tanto trabajo por hacer hasta que retumben sus oídos y los oídos de los lectores. Que las camarillas del ferrocarril, los apostadores de la bolsa, nuestros oficiales de cualquier nivel, oigan desde el púlpito, si van con el sonido, esa predicación puritana para que se levanten con pensamientos y vida mejores. Fuera la predicación diluida de un amor de Cristo que no tiene en ella discriminación santa o moral. Fuera esta predicación de un amor de Dios que no está enojado con los pecadores cada día. Fuera la predicación de un Cristo que no está crucificado por el pecado.

El Cristo crucificado por los pecadores del mundo es el Cristo que la gente necesita. Deshagámonos de la justa imputación del descuido de predicar la ley de Dios hasta que las conciencias de los hombres duerman. Tal colapso de conciencia en esta tierra nunca hubiera podido haber existido si el elemento puritano en nuestra predicación no hubiera sido abandonado en gran medida.

Hace algunos años estaba predicando en una congregación cuyo pastor había fallecido meses antes. Parecía haber sido casi universalmente popular con su iglesia y comunidad. Su iglesia parecía idolatrarlo. Todos estaban elogiándolo y poniéndolo de ejemplo, y sin embargo tanto la iglesia como la comunidad claramente demostraron que tenían un ministro infiel, un hombre que amó y buscó el aplauso de su gente. Oí tanto de esta inculcación, y vi demasiado de los frutos legítimos de sus enseñanzas, que me sentí obligado a decirle a la gente desde el púlpito que habían tenido un ministro infiel; que tales frutos, como eran aparentes por todos lados, dentro y fuera de la iglesia, nunca pudieron provenir de una presentación fiel del evangelio. Esta aseveración, sin duda, los estremeció en gran manera si hubiera sido bajo otras circunstancias, pero, en la forma de cómo se había preparado, no parecieron contradecirla.

Hermanos, nuestra predicación dará sus frutos legítimos. Si la inmoralidad prevalece en la tierra, el fracaso es nuestro en una gran medida. Si hay una decadencia de conciencia, el púlpito es responsable. Si a la prensa pública le falta discriminación moral, el púlpito es responsable. Si la Iglesia se degenera y es mundana, el púlpito es responsable. Si el mundo pierde interés en la religión, el púlpito es responsable. Si Satanás gobierna en los recintos legislativos, el púlpito es responsable. Si nuestra política se vuelve tan corrupta que los mismos cimientos del gobierno están listos para derrumbarse, el púlpito es responsable. No ignoremos el hecho, mis queridos hermanos, sino decidan de corazón, y estén totalmente despiertos a nuestra responsabilidad con respecto a la moral de esta nación.

 
 
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