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Capítulo 9 - Entretenimientos Inocentes
Poder de lo Alto
Viernes, 29 de Junio de 2012 22:02
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PODER DESDE LO ALTO

POR CHARLES FINNEY

Capítulo 9

Entretenimientos Inocentes

Oímos mucho decir y leer en estos días de gratificar entretenimientos inocentes. Supe de un ministro hace tiempo que se dirigió a un gran grupo de jóvenes diciendo que había pasado tiempo en crear entretenimientos inocentes para los jóvenes. En estos días he leído varios sermones y artículos numerosos pidiendo más entretenimientos de lo que ha sido costumbre con gente religiosa. Con su consentimiento, quisiera sugerir algunas reflexiones sobre este tema --primero, qué no son entretenimientos inocentes, y segundo, qué son.

1. Esto es asunto de moral.

2. Todos los actos inteligentes de un agente moral deben ser correctos o incorrectos. Nada es inocente en un agente moral que no esté de acuerdo con la ley y el evangelio.

3. El carácter moral de cualquier y cada acto de un agente moral reside en el motivo o en la razón soberana para el acto. Esto es evidente en sí mismo y universalmente admitido.

4. Ahora, ¿cuál es la regla de juicio en este caso?

Respondo:

1. Por la ley moral, "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón" y "a tu prójimo como a ti mismo". Ningún acto inteligente de un agente moral es inocente o correcto a menos que proceda y sea una expresión de amor supremo para Dios y el prójimo --en otras palabras, a menos de que sea benevolente.

2. El evangelio. Esto requiere lo mismo: "Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios". Hagan todo en el nombre de nuestro Señor Jesucristo".

3. La razón correcta afirma lo mismo. Ahora, a la luz de esta regla. Es claro que no es inocente participar meramente para gratificar el deseo por el entretenimiento. Pudiéramos inocentemente comer o beber para gratificar el deseo por la comida o bebida. Comer o beber meramente para gratificar el apetito lo bastante inocente en un simple animal, pero en un agente moral es un pecado. Un agente moral está obligado a un motivo más elevado y soberano --comer y beber-- para que esté fuerte y saludable para el servicio de Dios. Dios ha hecho el comer y beber grato para nosotros, pero este placer no debe ser nuestra razón soberana para comer y beber. De modo que los entretenimientos son placenteros, pero esto no nos justifica buscarlos para gratificar un deseo. Los puros animales pueden hacer esto inocentemente porque son incapaces de un motivo superior. Pero los agentes morales están bajo una ley superior, y están obligados a tener otra meta más elevada que meramente gratificar deseos para entretenimientos. Por tanto, ningún entretenimiento es inocente que esté ligado al placer del entretenimiento como tampoco sería inocente comer o beber por el placer de hacerlo. De nuevo, ningún entretenimiento es inocente en el que se participe porque necesitamos entretenimiento. Necesitamos comer y beber, pero esto no nos justifica comer y beber simplemente porque lo necesitamos. La ley de Dios no dice "busquen lo que necesiten porque lo necesitan", sino "hagan todo por amor a Dios y a su prójimo". Un hombre malo puede comer y beber egoístamente --pero su comer y beber sería pecado, a pesar de que necesita comer y beber.

Nada es inocente a menos que proceda del amor supremo a Dios y los semejantes, a menos que sea el motivo supremo y soberano para agradar y honrar a Dios. En otras palabras, se debe considerar inocente cualquier entretenimiento en el que se participe porque se cree que es al momento de lo más grato para Dios, y se intenta ser un servicio dedicado a Él, como eso que, en general, lo honrará más que cualquier cosa en la que se participe por el momento. Tomo esto como evidente en sí mismo. ¿Entonces qué? Se desprende:

1. Que nada más que entretenimientos benevolentes pueden ser inocentes. Pescar y cazar por entretenimiento no son inocentes. Podemos pescar y cazar por la misma razón que se nos permite comer y beber --para suplir la naturaleza con alimento, para que estemos fuertes en el servicio de Dios. Podemos cazar para destruir animales nocivos, para la gloria de Dios y los intereses de su reino. Pero pescar y cazar para gratificar una pasión por estos deportes no es inocente. De nuevo, ningún entretenimiento puede ser inocente que involucre el derroche de tiempo valioso, para que seamos mejor empleados para la gloria de Dios y el bien del hombre. La vida es corta. El tiempo es valioso. Tenemos más que una sola vida que vivir. Mucho queda por hacer. El mundo está en oscuridad. Un mundo de pecadores debe ser iluminado y, si es posible, salvado. Se nos requiere trabajar mientras dura el día. Nuestra comisión y trabajo requieren despacharse. Nada de tiempo debe perderse. Si nuestros corazones están rectos, nuestro trabajo será agradable. Si se realiza correctamente, permite el disfrute más alto y es en sí el entretenimiento más alto. Ningún hacer a un lado por entretenimiento puede ser inocente que involucre pérdida innecesaria de tiempo. De nuevo, ningún entretenimiento puede ser inocente que involucre gasto innecesario del dinero del Señor. Todo nuestro tiempo y dinero son del Señor. Somos del Señor. Podemos inocentemente usar el dinero y tiempo para promover los intereses del Señor y los intereses más elevados del hombre, que son los intereses del Señor. Pero no podemos inocentemente usarlos para nuestro placer y gratificación. Viajes costosos para nuestro propio placer y entretenimiento, y que no sean para la gloria de Dios, no son entretenimientos inocentes, sino pecaminosos. De nuevo, nada es inocente. Mientras se permanezca sin arrepentir y sin creer, no se ame a Dios y al prójimo según el mandato de Dios, no hay para nadie ningún empleo o entretenimiento inocentes; todo es pecado.

Y aquí mismo me temo que muchos están actuando bajo un gran engaño. La manera suelta en la que este tema es visto por muchos profesantes de religión, e incluso ministros, es sorprendente y alarmante. Una vez en un sermón enfaticé que no había empleos lícitos o entretenimientos inocentes para los pecadores. Un clérigo anciano que estaba presente dijo, después del servicio, que era ridículo sostener que nada era lícito o inocente en un pecador impenitente. Contesté: "Creía que era usted ortodoxo. ¿Acaso no cree en la necesidad universal de la regeneración del Espíritu Santo? Contestó: "Sí". Añadí: "¿Acaso cree que un alma sin regenerar hace cualquier cosa aceptable para Dios? Antes de que su corazón cambie, ¿actúa desde un motivo que Dios pueda aceptar en cualquier cosa? ¿Acaso no es depravado en el sentido de que su corazón está mal, y por consiguiente sus acciones deben estar mal? Se apenó, vio el punto, y se calmó.

Lo que sea lícito en un agente moral o según la ley de Dios es correcto. Si alguien, por tanto, se ocupa legalmente en cualquier empleo o en cualquier entretenimiento, debe hacerlo desde un amor supremo a Dios y un amor equivalente para su prójimo; y no es, por tanto, un pecador impenitente, sino un cristiano. Es simplemente absurdo y contradictorio decir que un alma impenitente hace, o dice, u omite cualquier cosa con un corazón correcto. Si es impenitente, su motivo soberano debe necesariamente ser incorrecto, y por consiguiente nada en él es inocente, sino todo deber ser pecaminoso. ¿Qué, entonces, es un entretenimiento inocente? Debe ser aquello y solamente aquello que no sólo pudiera ser sino de hecho se ocupa con una sola mirada para la gloria de Dios y los intereses de su reino. Si esto no es el diseño supremo y soberano, no es un entretenimiento inocente sino pecaminoso. Ahora, aquí mismo me temo que está el engaño de muchas personas. Cuando se habla de entretenimientos, dicen "¿Qué hay de malo en ellos?" En respuesta a ellos mismos y otros, no llegan al fondo. Si en la superficie no ven nada contrario a la moralidad, juzgan que el entretenimiento es inocente. Fracasan en inquirir en el motivo supremo y soberano en el que la inocencia o pecaminosidad del acto se encuentra. Pero aparte del motivo, ningún curso de acción es inocente o pecaminoso, no más que los movimientos de una máquina o los actos de un simple animal son inocentes o pecaminosos. Ningún acto o curso de acción debe, por tanto, adjudicarse como inocente o pecaminoso sin cerciorarse del motivo supremo de la persona que actúa.

Enseñar, directamente o por implicación, que cualquier entretenimiento de un pecador impenitente o apóstata es inocente es enseñar una herejía ruin y soez. Los padres deben recordar esto en consideración a los entretenimientos de sus hijos inconversos. Los maestros de escuela dominical y superintendentes que planean entretenimientos para las escuelas dominicales, predicadores que pasan el tiempo en planear entretenimientos para los jóvenes, que llevan a sus rebaños a días de campo, excursiones placenteras, y justifican varios juegos, deben ciertamente recordar eso, a menos que estén en un estado santo de corazón, y hagan todo esto para el amor supremo de Dios y el diseño en el grado más alto para la gloria de Dios, estas formas de pasar el tiempo no son por ningún motivo inocentes, sino altamente criminales, y aquellos que enseñan a la gente a caminar en estos caminos están simplemente dirigiendo canales en los que su depravación correrá. Pues recuérdese que, a menos que estas cosas se complazcan desde el amor supremo a Dios y sean diseñadas para glorificarlas, a menos de que se ocupen, de hecho, con una sola mirada para la gloria de Dios, no son entretenimientos inocentes sino pecaminosos. Debo decir de nuevo, y, si es posible, ser más enfático, que no es suficiente que ellos se ocupen de la mejor manera, por el momento, de honrar y agradar a Dios, sino que deben de hecho estar ocupados para el amor supremo a Dios con el diseño máximo para glorificarlo a Él. Si, entonces, tal es la verdadera doctrina de entretenimientos inocentes, que ningún impenitente y ningún apóstata suponga por un momento que es posible que él se ocupe en cualquier un entretenimiento inocente. Si fuese verdad, como el ministro anciano a quien me he referido, y muchos otros parecen creer, que los pecadores impenitentes pueden y se ocupan en entretenimientos inocentes, que el ocuparse en tales entretenimientos, siendo lícitamente correctos e inocentes en ellos, involucraría un cambio de corazón en el inconverso, y un regreso a Dios del apóstata. Pues ningún entretenimiento es lícito a menos que se ocupe en un amor de servicio dedicado a Dios y con el diseño de agradar y glorificarlo. No debe ser sólo un amor de servicio, sino, en el juicio de uno al que se dedica, debe ser el mejor servicio que, por el momento, puede dedicarle a Dios --un servicio que sea más grato a Él y más útil para su reino que cualquier otro del que pueda ocuparse en ese momento. Téngase estos hechos en mente cuando la pregunta de ocuparse en estos entretenimientos surja para decidir. Y recuérdese, la pregunta en todos los casos no es "¿qué hay de malo en este entretenimiento propuesto?", sino ¿qué bien puede hacer?" "¿Es la mejor manera en la que uso mi tiempo? ¿Será más grato para Dios y más del interés de su reino que cualquier cosa posible para mí actualmente?" Si no, no es un entretenimiento inocente, y no puedo ocuparme en Él sin pecar". La pregunta con frecuencia surge: "¿Nunca vamos a buscar tales entretenimientos?" Respondo: es nuestro privilegio y deber vivir por encima de tales cosas. Toda esa clase de deseos deben estar muy sometidos a la luz de Dios, y tener una comunión tan profunda con Él como para no tener ningún gusto por tales entretenimientos. Ciertamente es un privilegio de cada hijo de Dios de caminar tan cerca de Él, y mantener una comunión tan divina con Él, como para no sentir la necesidad de emociones mundanas, deportes, pasatiempos y entretenimientos para hacer que sea satisfactorio este disfrute. Si un cristiano se aprovecha de este privilegio de comunión con Dios, naturalmente y por un instinto de su nueva naturaleza rechazará las solicitaciones de ir en pos de entretenimientos mundanos. Para él, tales pasatiempos parecerán bajos, nada satisfactorios, e incluso repulsivos. Si no es de una mente celestial, como debe ser, se sentirá como si no pudiera darse el lujo de bajar y buscar el disfrute en entretenimientos mundanos. Seguramente, un cristiano debe haber caído de su primer amor, debe haber vuelto al mundo, antes de que sienta la necesidad o tenga el deseo de buscar el disfrute en deportes y pasatiempos mundanos. Una mente espiritual no puede buscar disfrute en una sociedad mundana. Para una mente así esa sociedad es necesariamente repulsiva. La sociedad mundana no es sincera, es superficial y en cierta medida una farsa. ¿Qué gusto puede una mente espiritual tener para el chisme de una fiesta mundana de placer? Ninguno. Para una mente en comunión con Dios el espíritu mundano y maneras de la sociedad, si la conversación y locura es repulsiva y dolorosa, como es tan fuertemente sugestiva de la tendencia hacia debajo de sus almas, y del destino que les espera. He señalado una experiencia de ambos lados de esta pregunta que no puedo equivocarme. Probablemente más que unas pocas personas disfrutan el placer mundano más intensamente que yo disfruté antes de que me convirtiera, pero mi conversión, y el bautismo espiritual que inmediatamente siguió, completamente extinguió todo deseo de deportes y entretenimientos mundanos. Fui alzado de inmediato hacia enteramente otro plano de vida y otro tipo de disfrute. Desde ese momento al presente el modo de vida, los pasatiempos, deportes, entretenimientos y maneras mundanas que me gustaban tanto no sólo han fracasado en interesarme, sino tengo una aversión positiva hacia ellos. Nunca los he sentido necesarios, o incluso compatibles, como un disfrute verdaderamente racional. No hablo alardeándome, sino para honrar a Cristo y su religión. Debo decir que mi vida cristiana ha sido feliz. He tenido tanto disfrute como es probablemente el mejor para los hombres que tienen en esta vida, y nunca por ningún momento he tenido el deseo de volver y buscar el disfrute de cualquier cosa que el mundo pueda dar. Pero algunos pueden preguntar: "¿supóngase que nosotros no encontramos disfrute suficiente en la religión, y realmente deseamos ir tras los entretenimientos mundanos. Si tenemos las disposición, ¿acaso no es también gratificarlo?" "¿Hay más pecado en buscar entretenimientos que en entretener una añoranza por ellos?" Respondo que una añoranza por ellos nunca debe ser entretenida. Es el privilegio, y por tanto el deber de cada uno de levantarse, a través de la gracia, por encima de un hambre y sed por las ollas de carne de Egipto, sobre pasatiempos mundanos y entretenimientos con los que se pierde el tiempo. La indulgencia de tales añoranzas no es inocente. Uno no debe preguntar si la añoranza debe gratificarse, sino si no debe ser desplazada por una añoranza para la gloria de Dios y su reino.

Los cristianos deben mantener una vida consistente con lo que profesan. Para honrar la religión, deben negar los apetitos mundanos; y no, buscar gratificarlos, dar ocasión al mundo de burlarse y decir que los cristianos aman el mundo como ellos. Si los profesantes de religión apostatan en el corazón, y entretienen una añoranza por las actividades y entretenimientos mundanos, deben por cada consideración de deber y decencia abstenerse de la manifestación externa de tales apetitos internos. Algunos han mantenido que debemos conformarnos a los caminos del mundo de alguna manera, por lo menos, lo bastante para mostrar que disfrutamos el mundo y la religión también, y que hacemos que la religión parezca repulsiva para las almas inconversas al dar nuestras espaldas a lo que llaman entretenimientos inocentes. Pero debemos presentar la religión como realmente es, viviendo por encima del mundo, consistiendo en una mente celestial, como aquellos que toleran un disfrute tan espiritual y celestial para considerar desagradable y repulsiva la búsqueda baja y alegrías de hombres mundanos. Es una triste piedra de tropiezo para los inconversos ver a los cristianos profesantes buscar placer o felicidad de este mundo. Tal búsqueda es una tergiversación de la religión de Jesús. Confunde, enreda, extravía al observador de fuera. Si nunca lee la Biblia, no puede más que preguntarse que las almas que nacen de Dios y que tienen comunión con él deben tienen cualquier gusto por las costumbres y placeres mundanos. El hecho es que inconversos precavidos tienen poca o nada de confianza en esa clase de profesantes cristianos que buscan el disfrute de este mundo. Pueden profesar tener, y pueden quizá vagamente creer de tales como cristianos liberales y buenos. Los pueden alardear, y recomendar su religión como opuesta al fanatismo e intolerancia, ser tal religión como ellos quieren ver, pero no hay sinceridad en tales creencias de parte del impenitente.

En mi vida temprana de cristiano supe de un obispo metodista del sur que contó de un caso que hizo una impresión profunda en mi mente. Decía que donde vivía había un esclavista, un hombre con fortuna, que era alegre y ameno, que se dedicaba a varios deportes de campo y entretenimientos. Se relacionaba mucho con su pastor, con frecuencia lo invitaba a cenar y lo acompañaba en sus deportes y excursiones de placer de distintos tipos. El ministro alegremente accedía a sus peticiones, y la amistad creció entre el pastor y el feligrés, que continuó hasta la enfermedad de este hombre alegre y pudiente. Cuando la esposa de este mundano supo que su esposo podría vivir poco, se apuró por su alma, tiernamente preguntó si no podía llamar al ministro para platicar y orar por él. Contestó él muy emotivo: "no, querida, no es el hombre para que vea yo. Fue mi compañero, como sabes, en deportes mundanos y búsqueda de placer; le encantaban las buenas comidas y pasarla bien. En ese entonces disfrutaba su compañía y era un compañero agradable. Pero ahora creo que nunca tuve confianza real en su piedad, y ahora no tengo ninguna confianza en la eficacia de sus oraciones. Ahora estoy muriendo y necesito la instrucción y oración de alguien que prevalezca en Dios. Hemos pasado mucho juntos, pero nuestro pastor nunca se ha empeñado seriamente en la salvación de mi alma y no es la persona que me pueda ayudar ahora". Le afectó grandemente a su esposa quien dijo: "¿Qué hago entonces? Contestó él: mi cochero, Tom, es un hombre piadoso. Tengo confianza en sus oraciones. A menudo le he oído orar, en el granero y establos, y sus oraciones siempre me han impactado como sinceras y esforzadas. Nunca he oído ninguna necedad de su parte. Ha sido siempre un cristiano honesto y esforzado. Llámalo". Llamaron a Tom, y llegó quitándose el sombrero y viendo con ternura y compasión a su amo moribundo quien estiró su mano diciendo: "Tom, ven aquí. Toma mi mano. Tom, ¿puedes orar por tu amo moribundo?" Tom derramó su alma en oración esforzada. No recuerdo el nombre del obispo, fue hace mucho, pero recuerdo bien la historia como una ilustración del error en el que incurren muchos profesantes y algunos ministros, suponen que recomendamos la religión a los inconversos al mezclarse con ellos en sus placeres e ir en pos de sus entretenimientos. He visto muchos ejemplos de este error. Los cristianos deben vivir por encima del mundo como quienes no necesitan o buscan estos placeres, y así recomendar la religión al mundo como una fuente de la felicidad más alta y pura. La mirada pacífica, el aspecto jovial, la serenidad espiritual, y la alegría de un cristiano viviente recomiendan la religión a los inconversos. Su satisfacción en Dios, su gozo santo, su vida por encima, que esquivan las costumbres y entretenimientos de las mentes mundanas, impresionan a los inconversos con un sentido de necesidad y deseo de una vida cristiana. Pero que ningún hombre piense en ganar una verdadera influencia cristiana sobre otra al manifestar simpatía con sus aspiraciones mundanas.

Ahora, ¿acaso es esta regla un yugo o atadura? No me sorprende que haya creado perturbación en algunas mentes. Los miembros de Iglesia buscadores y amadores de placer consideran esta regla tan poco práctica como una camisa de fuerza, como una atadura. Pero ¿para quién es una camisa de fuerza o atadura? Para ¿quién es poco práctica? Seguramente no es y no puede ser para cualquiera que ame a Dios con todo su corazón y a su prójimo como a sí mismo. Ciertamente no puede ser considerado como un cristiano de verdad, pues los cristianos reales aman a Dios supremamente. Sus propios intereses y sus propios placeres son vistos como nada comparados con los intereses y placeres de Dios. Por tanto, no pueden buscar entretenimientos a menos que crean ellos mismos ser llamados de Dios para hacerlo. Por una ley de nuestra naturaleza buscamos agradar a aquellos quienes supremamente amamos. También por una ley de nuestra naturaleza, encontramos nuestra felicidad suprema para complacer a quienes supremamente amamos, y supremamente nos complacemos cuando no buscamos para nada complacernos, sino complacer el objeto de nuestro afecto supremo. Por tanto, los cristianos encuentran su disfrute supremo y su verdadero placer en complacer a Dios y en buscar el bien de su prójimo, y disfrutan este servicio porque el disfrute no es lo que buscan sino lo que inevitablemente experimentan por una ley de su naturaleza.

Esto es un hecho de conciencia cristiana. El más alto y más puro de todos los entretenimientos se encuentra en hacer la voluntad de Dios. Puros entretenimientos mundanos son fríos e insípidos, y no son dignos de nombrar en comparación con el disfrute que encontramos en hacer la voluntad de Dios. Para el que ama a Dios supremamente es natural buscar los entretenimientos y todo lo demás que buscamos, con la referencia suprema para la gloria de Dios. ¿Por qué, entonces, debe esta regla considerarse como demasiado estricta, como poniendo muy alto el patrón, y como siendo una camisa de fuerza o atadura? ¿Cómo, entonces, vamos a entender a aquellos que abogan tanto por los entretenimientos mundanos?

Por lo que he oído y leído sobre este tema en los últimos años, concluyo que estos seguidores de entretenimientos han pensado que hay más disfrute en adquirir aquellos entretenimientos que el servicio de Dios. Me recuerdan una oración que tenía como una copia cuando un niño en la escuela decía: "Tanta tarea y nada de juego hace de Jack un niño aburrido". Parecen suponer que el servicio de Dios es trabajo en el sentido de ser una tarea y una carga; que el trabajar y orar y predicar para ganar almas para Cristo, tener comunión con Dios y cumplir los deberes de religión es tan penoso, por no decir molesto, que necesitamos muchos días de juego; que el amor de Cristo no es satisfactorio, que debemos recurrir con frecuencia a los entretenimientos mundanos para hacer la vida tolerable. Cristo en una ocasión dijo a sus discípulos: "Venid vosotros aparte…, y descansad un poco". Esto no es de maravillarse cuando consideramos que con frecuencia eran abrumados hasta como para no tener tiempo incluso de comer. Pero no era entretenimiento lo que buscaban; simplemente descansar de su obra de amor, en la que tenían el disfrute más grande.

Seguido me pregunto: "¿Qué quiere decir que muchos de nuestros predicadores más populares y muy alimentados están abogando por tantos entretenimientos?" Parecen que están desviando a la Iglesia hacia una dirección en la que peligra. No es de sorprenderse que hombres y mujeres laicos sean fácilmente llevados en esa dirección, pues tal enseñanza exactamente concuerda con las tentaciones innumerables a la mundanidad que se presentan a la Iglesia por todos lados. La Biblia está repleta con instrucción en este tema, que es directamente opuesto de estas peticiones de entretenimientos mundanos. Estos maestros abogan por diversión, hilaridad, bromas, obras de teatro, juegos, y tales cosas como las mentes mundanas gozan y disfrutan, pero la Biblia exhorta sobriedad, mentalidad celestial, oración sin cesar y un caminar cercano y perpetuo con Dios. La Biblia por todos lados da por hecho que el disfrute real se encuentra en el curso de la vida, que la verdadera paz mental se encuentra en la comunión con Dios y en ceder para buscar su gloria como el fin constante y supremo de vida. Nos exhorta observancia y nos informa que por cada palabra ociosa debemos dar cuenta en el Día del Juicio. En ningún lado nos informa que la diversión y la hilaridad son la fuente de disfrute racional; en ningún lado nos anima a esperar mantener un caminar cercano con Dios, tener paz mental y gozo en el Espíritu Santo, si andamos de aquí para allá buscando entretenimientos. ¿Y acaso no está la enseñanza de la Biblia sobre este tema en concordancia exacta con la experiencia humana? ¿Necesitamos tener el púlpito para abogar por entretenimientos mundanos? ¿No es la depravación humana lo bastante fuerte en esa dirección para no ser estimulada por la voz del predicador? ¿Acaso la Iglesia ha trabajado tanto por Dios y las almas? ¿Están los cristianos cansados con sus esfuerzos agotadores de sacar a los pecadores del fuego, que están en peligro de enloquecer con fervor religioso y necesitan que el púlpito y la presión se unan para urgirles de hacerlos a un lado y buscar entretenimientos y divertirse un poco?

¿Qué puede significar? ¿Por qué no es cierto que casi todos nuestros peligros están en ese lado? ¿Acaso no está la naturaleza humana en su estado presente fuertemente tendiente en estas direcciones que necesitamos estar en guardia y exhortar constantemente a la Iglesia que no sea desviada en pos entretenimientos y diversión para la destrucción de sus almas? Pero para volver a la pregunta: ¿Para quién es una atadura el requerirse tener una sola mirada en el buen placer y gloria de Dios en todo lo que hacemos? ¿Quién lo encuentra difícil de hacerlo? Cristo dijo que su yugo era fácil y ligera su carga. El requerimiento para hacer todo para la gloria de Dios no es seguramente ningún otro más que el yugo de Cristo. Es su voluntad expresa. ¿Quién encuentra esto ser un yugo difícil y una carga pesada? No es difícil o pesado para una mente dispuesta y amorosa.

Lo requerido aquí es natural e inevitable para todo el que ama verdaderamente a Dios y está verdaderamente dedicado al Salvador. ¿Qué es devoción a Cristo sino un corazón puesto para rendirle una obediencia amorosa en todas las cosas? ¿Qué es la libertad cristiana sino el privilegio de hacer eso que los cristianos más aman hacer --esto es, en todas las cosas cumplir el buen placer de su bendito Señor? ¡Déjense de salvar almas para buscar entretenimientos! Como si pudiese haber un placer más alto y más divino que el que se encuentra en trabajar para la salvación de las almas. No puede haberlo. No puede haber un disfrute más alto encontrado en este mundo que el que se encuentra en sacar almas del fuego y llevarlas a Cristo. Me llena de sorpresa cuando leo u oigo las apelaciones para la Iglesia de buscar más entretenimientos mundanos. ¿Necesitamos, podemos tener cualquier satisfacción más plena y más alta que la que se encuentra en un caminar serio, cercano y amoroso con Dios y la cooperación con Él en almas aptas para el cielo? Todo lo que oigo dice animar a la gente de Dios para buscar entretenimientos. Me parece proceder de un estado mental mundano en vez de uno espiritual. ¿Puede ser posible que un alma en comunión con Dios, y desde luego, anhelando con compasión por los moribundos, luchando día tras día en oración agonizante por su salvación, y deba entretener el pensamiento de hacerse a un lado para buscar entretenimiento? ¿Puede un pastor en cuya congregación hay cantidades de almas inconversas, y entre cuyos miembros hay muchos profesantes religiosos de mentalidad mundana, hacer a un lado y dirigir o acompañar a su iglesia en un movimiento de apostasía para obtener placer mundano? Siempre hay suficientes en cada Iglesia que son fácilmente desviados en esa dirección. Pero ¿quiénes son ellos que muy prestamente caen en tal movimiento? ¿Quiénes están listos para pasar al frente cuando un día de campo, una excursión de placer, una fiesta mundana, u otros movimientos de búsqueda de placer son propuestos? ¿Son acaso de hecho la clase que siempre asiste a las reuniones de oración, que siempre están un estado mental de avivamiento? ¿Pertenecen a la clase de cuyos rostros brillan día tras día con la paz de Dios que llena sus almas? ¿Acaso son los Aarones y Hures que sostienen levantadas las manos de su pastor con oración continúa y prevaleciente? ¿Acaso son miembros espirituales cuya congregación está en el cielo y que nos les importan las cosas terrenales? ¿Quién no sabe que son los miembros mundanos en la Iglesia que siempre están listos para cualquier movimiento en la dirección de placer o entretenimientos mundanos? No son llevados sin urgir y llorar en lugares secretos cuando ven a su pastor dando ánimos a aquellos que muy probable sea una gran piedra de tropiezo para la Iglesia y el mundo.

El presidente Finney, al enviar la revisión del manuscrito para publicación al Willard Tract Repository, iba acompañado de una nota al Dr. Cullis en la que decía:

"Las páginas anteriores contienen una condensación de artículos pequeños que he publicado en el Independent. Recuerdo que el editor de Advance, y uno de los editores del Independent, ambos han publicado lo que considero posturas muy sueltas, que aprueban y recomiendan los entretenimientos mundanos de cristianos, he criticado esos artículos con una aspereza que parece indicar que se irritaron por ellas. Hasta ahora las pervirtieron como para afirmar que ellos enseñaron ascetismo, y la prohibición de descanso, recreación y todos los entretenimientos. Considero la doctrina de este artículo tan estrictamente bíblica y verdadera. Pero para evitar tales inferencias y objeciones injustas, añado las siguientes líneas".

"Que nadie diga que la doctrina de este artículo prohíbe todo descanso, recreación, y entretenimiento. No lo hace. Admite libremente que todo descanso, recreación y entretenimiento que se consideran por la persona que recurre a ellos, como una condición y medios para asegurar salud y vigor de cuerpo y mente con aquello para promover la causa de Dios. Este artículo sólo insiste, como lo hace la Biblia, que lo que comamos o bebamos, descansemos, recreamos, o nos entretengamos, todo debe ser hecho como un servicio rendido a Dios. Dios debe ser nuestro fin. Agradarlo a Él debe ser nuestra meta en todo, o pecamos".

 
 
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