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Capítulo 7 - Cómo Ganar Almas
Poder de lo Alto
Viernes, 29 de Junio de 2012 22:06
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PODER DESDE LO ALTO

POR CHARLES FINNEY

Capítulo 7

CÓMO GANAR ALMAS

"Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren." --1 Timoteo 4:16.

En este artículo sugiero a mis hermanos más jóvenes en el ministerio algunos pensamientos sobre la filosofía de predicar el evangelio para asegurar la salvación de las almas. Son el resultado de mucho estudio, oración para la enseñanza divina y experiencia práctica de muchos años.

Entiendo la amonestación en el encabezado de este artículo para relacionar el asunto, orden, y manera de predicar.

El problema, ¿cómo ganaremos almas totalmente para Cristo? Ciertamente debemos ganarlas.

1. Son agentes morales, desde luego, racionales y con responsabilidad.

2. Están en rebelión contra Dios, intensamente perjudicados, entregados, totalmente enemistados contra Dios.

3. Están entregados a la gratificación de sí mismos como el fin de su ser.

4. Este estado de entrega es depravación moral, la fuente de pecado dentro de ellos, de la cual fluyen por una ley natural todos sus caminos pecaminosos. Este estado entregado voluntario es su "corazón malvado". Esto necesita un cambio radical.

5. Dios es infinitamente benevolente, los pecadores inconversos son supremamente egoístas, de modo que están radicalmente en oposición a Dios. Su entrega a la gratificación de sus apetitos y propensiones es conocida en lenguaje de la Biblia como los "designios de la carne"; o como al margen, "en pos de la carne", lo cual es enemistad contra Dios.

6. Esta enemistad es voluntaria y debe ser vencida, si del todo, por la palabra de Dios, hecha efectiva por la enseñanza del Espíritu Santo.

7. El evangelio está adaptado para este fin, y cuando se presenta sabiamente se puede esperar confiados en la cooperación efectiva del Espíritu Santo. Esto está implícito en la comisión, "id, y haced discípulos a todas las naciones… y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo".

8. Si somos imprudentes, ilógicos y poco filosóficos, y estamos fuera de todo orden natural al presentar el evangelio, no tenemos garantía para esperar la cooperación divina.

9. En ganar almas, como en todo lo demás, Dios obra a través y de acuerdo con las leyes naturales. De ahí si ganamos almas debemos sabiamente adaptar los medios para este fin. Debemos presentar aquellas verdades y en ese orden adaptadas a las leyes naturales de la mente, de pensamiento, y acción mental. Una filosofía mental falsa grandemente nos descarriará y con frecuencia nos encontraremos trabajando con ignorancia contra la agencia del Espíritu Santo.

10. Los pecadores deben ser redargüidos de su enemistad. No conocen a Dios, y como consecuencia son con frecuencia ignorantes de la oposición de sus corazones hacia él. "Por medio de la ley es el conocimiento del pecado", porque por la ley el pecador obtiene su primera idea verdadera de Dios. Por la ley primero aprender que Dios es perfectamente benevolente y que está infinitamente opuesto a todo egoísmo. Esta ley, entonces, debe ser revestida de toda su majestad contra el egoísmo y enemistad del pecador.

11. Esta ley lleva convicción irresistible de su rectitud y ningún agente moral puede dudarlo.

12. Todos los hombres saben que han pecado, pero no todos son redargüidos de su culpa y desmerecimiento de pecado. Muchos son despreocupados y no sienten la carga del pecado, los horrores y terrores del remordimiento y no tienen sentido de condenación y de estar perdidos.

13. Pero sin esto ellos no pueden entender o apreciar el método del evangelio de salvación. Uno no puede inteligente y sinceramente pedir o aceptar un indulto hasta que vea y sienta el hecho y justicia de su condenación.

14. Es absurdo suponer que un pecador negligente y sin ser redargüido pueda inteligente y agradecidamente aceptar el ofrecimiento del evangelio de indulto hasta que acepte la rectitud de Dios en su condenación. La conversión a Cristo es un cambio inteligente. De ahí que la convicción del desmerecimiento deba preceder la aceptación de la misericordia, pues sin esta convicción el alma no entiende s necesidad de misericordia. Desde luego, el ofrecimiento es rechazado. El evangelio no es buena nueva al pecador negligente y sin ser redargüido.

15. La espiritualidad de la ley debe ser aplicada profusamente a la conciencia hasta que la actitud santurrona del pecador sea aniquilada y esté él de pie sin decir nada y con condenación de sí mismo ante un Dios santo.

16. En algunos hombres esta convicción está madura, y el predicador puede de inmediato presentar a Cristo con la esperanza de que su ser sea aceptado, pero en momentos normales tales casos son excepcionales. Las grandes masas de pecadores son descuidados, están sin redargüir, y el asumir su convicción y preparación para recibir a Cristo, y de ahí, urgir a los pecadores de aceptarlo inmediatamente, es empezar en el fin incorrecto de nuestra obra --considerar nuestra enseñanza inteligible. Y tal curso se encontrará estar errado, cual sea lo que pudieran indicar las apariencias presentes y profesiones. El pecador puede obtener una esperanza bajo tal enseñanza, pero si Espíritu Santo no suple algo por el que el predicador haya fallado hacer, será falsa. Todas las ligas esenciales de la verdad deben ser suplidas.

17. Cuando la ley haya hecho su obra, la santurronería aniquilada, y callado el pecador para aceptar la misericordia, se le debe hacer entender la delicadeza y peligro de dispensar la ejecución de la pena cuando el precepto de ley ha sido violado.

18. Ahí mismo al pecador se le debe hacer entender que desde la benevolencia de Dios que no puede justamente inferir que Dios puede consistentemente perdonarlo. Pues al menos que la justicia pública sea satisfecha, la ley de la benevolencia universal prohíbe el perdón de los pecados. Si la justicia pública no es considerada en el ejercicio de la misericordia, el bien del público es sacrificado para ese individuo. Dios nunca hará eso.

19. Esta enseñanza callará al pecador para que busque una ofrenda para la justicia pública.

20. Ahora denle la expiación como un hecho revelado, y háganlo callar para Cristo como su propia ofrenda de pecado. Apresuren el hecho revelado de que Dios ha aceptado la muerte de Cristo como un sustituto para la muerte del pecador y que esto sea recibido en testimonio de Dios.

21. Estar ya estrujado en contrición por el poder que redarguye de la ley, la revelación del amor de Dios manifiesta en la muerte de Cristo naturalmente causará gran repugnancia de sí mismo, y esa gran tristeza según la voluntad de Dios de la que no necesita arrepentirse. Bajo esta muestra el pecador nunca podrá perdonarse a sí mismo. Dios es santo y glorioso, y él un pecador, salvado por la gracia soberana. Esta enseñanza puede ser más o menos formal como las almas a las que se dirijan sean más o menos reflexivas, inteligentes y cuidadosas para entender.

22. No fue por accidente que la dispensación de la ley precedió la dispensación de la gracia, sino es en el orden natural de las cosas, de acuerdo con las leyes mentales establecidas, y para siempre la ley debe preparar el camino para el evangelio. Pasar por alto esto en instruir a las almas es casi seguro que resulta en esperanza falsa, la introducción de una patrón falso de experiencia cristiana, y llenar la iglesia con convertidos espurios. El tiempo hará esto comprensible.

23. La verdad debe ser predicada para las personas presentes, y así personalmente aplicada como para compeler a todos a sentir que la quieren. Como se ha dicho a menudo de cierto predicador: "no predica sino explica lo que otros predican y parece estar hablándome directamente".

24. Este curso cautivará a la atención y causara a quienes escuchan de perder de vista la duración de su sermón. Se cansarán si no sienten ningún interés personal en lo que dicen. Para asegurar el interés individual en lo que ustedes dicen es condición indispensable de su ser convertirse. Y mientras su interés individual es despertado, y se adentran al tema, rara vez se quejarán de la duración de nuestros sermón. En casi todos los casos, si la gente se queja de la duración de nuestros sermones, es porque fallamos en hacerlos interesarse personalmente en lo que decimos.

25. Si fallamos en que se interesen personalmente, es porque no nos dirigimos a ellos personalmente, o porque nos falta unción y ahínco, o porque nos falta claridad y fuerza, o ciertamente porque nos falta algo que debamos poseer. Hacerles sentir que nosotros y que Dios los quiere es indispensable.

26. No piensen que la piedad ferviente por sí sola puede hacerlos exitosos en ganar almas. Esto es sólo una condición del éxito. Debe haber sentido común, sabiduría espiritual en adaptar los medios para el fin. El asunto y la manera, orden y tiempo y lugar todos necesitan ajustarse sabiamente para el fin que tenemos a la vista.

27. Dios puede a veces convertir almas por hombres que no son espiritualmente entendidos, cuando poseen esa sagacidad natural que les permite adaptar medios para ese fin, pero la Biblia nos advierte en afirmar que estos son casos excepcionales. Sin esta sagacidad y adaptación de los medios para este fin una mente espiritual fracasará en ganar almas para Cristo.

28. Las almas necesitan instrucción según la medida de inteligencia. Unas cuantas verdades simples, cuando se aplican sabiamente y son iluminadas por el Espíritu Santo, convertirá hijos para Cristo. Digo sabiamente aplicada, pues son también pecadores, y la necesitan la aplicación de la ley, como un director de escuela, llevarlos a Cristo, que puedan ser justificados por fe. Tarde o temprano aparecerá que las conversiones supuestas para Cristo son espurias donde la obra preparatoria de la ley ha sido omitida, y Cristo no ha sido abrazado como un Salvador de pecado y condenación.

29. Los pecadores con educación y cultura, que, después de todo, sus corazones son escépticos y están sin convicción, necesitan una aplicación más vasta y exhaustiva de la verdad. Los hombres profesionistas necesitan que la red evangelio sea echada alrededor de ellos, sin ningún hueco por donde se puedan escapar, y cuando son tratados, son los más seguros en convertirse en proporción a su inteligencia real. He visto que un curso de conferencias dirigidas a abogados, y adaptada a sus hábitos de pensamiento y razonamiento, muy seguramente los convierte.

30. Para ser exitosos en ganar almas, necesitamos estar observando, estudiar el carácter individual, enfatizar los hechos de experiencia, observación, y relevación en las conciencias de todas las clases.

31. Asegúrense de explicar los términos que utilicen. Antes de que me convirtiera, fallé en escuchar los términos de arrepentimiento, fe, regeneración, y conversión inteligiblemente explicados. El arrepentimiento se describía como un sentimiento. La fe se representaba como un acto o estado intelectual y no como un acto voluntario de confianza. La regeneración se describía como un cambio físico en la naturaleza, producida por el poder directo del Espíritu Santo, en vez de un cambio voluntario de preferencia máxima del alma, producida por la iluminación de Espíritu Santo. Incluso la conversión se representaba como que era la obra del Espíritu Santo en un sentido tal como para cubrir el hecho de que es el acto mismo del pecador bajo persuasiones del Espíritu Santo.

32. Insistir en el hecho de que el arrepentimiento involucra la renuncia actual y voluntaria de todo pecado, que es un cambio radical de mente hacia Dios.

33. También el hecho de que la fe salvadora es confianza de corazón en Cristo; que opera por amor, purifica el corazón, y vence al mundo, que ninguna fe es salvadora que no tenga estos atributos.

34. Se requiere al pecador que ponga por delante actos mentales. Necesita entender lo que son éstos. El error en la filosofía mental avergüenza y puede engañar fatalmente al alma que inquiere. Los pecadores con frecuencia son puestos por el camino equivocado. Son puestos en un modo para sentir en vez de poner por delante los hechos requeridos de la voluntad. Antes de mi conversión nunca recibí del hombre ninguna idea inteligible de los actos mentales que Dios requería de mí.

35. El engaño del pecado presenta al alma que inquiere excesivamente expuesta a la decepción; por tanto, corresponde a los maestros andar con rodeos y buscar en cada rincón y escondrijo donde un alma puede encontrar un refugio falso. Ser muy exhaustivo y discriminar para considerarlo como casi imposible en tanto la naturaleza del caso admita que quien inquiere deba tener una esperanza falsa.

36. No teman ser exhaustivos. No pongan a través de una piedad falsa una plasta de yeso donde se necesita sondear. No teman desanimar al pecador, y volverlo atrás al escudriñarlo hasta el fondo. Si el Espíritu Santo está tratando con él, mientras más busquen y sondeen, menos probable será para el alma que vuelva o descanse en pecado.

37. Si salvan un alma, no dispensen una mano derecha, ojo derecho, o cualquier ídolo querido, sino vean que se rinde cada forma de pecado. Insistan en la confesión del mal a todo aquello que tiene un derecho a la confesión. Insistan en la restitución plena, en lo posible, para todas las partes lastimadas. No dejen de expresar las enseñanzas de Cristo en este asunto. Quien sea el pecador, que entienda claramente que si no abandona todo eso no puede ser discípulo de Cristo. Insistan en la consagración total y universal para Dios de todos los poderes del cuerpo y mente, y de toda propiedad y pertenencias, carácter e influencia. Insistan en el abandono total para Dios de toda propiedad del yo, o de cualquier cosa, como una condición de ser aceptado.

38. Entiendan, y si es posible, hagan al pecador entender, que nada menos que esto está involucrado en la fe verdadera o arrepentimiento verdadero, y que la verdadera consagración los involucra a todos.

39. Mantengan constantemente ante la mente del pecador que es el Cristo personal con quien está tratando, que Dios en Cristo está buscando su reconciliación con Él, y que la condición de su reconciliación es que ceda su voluntad y todo su ser a Dios --que no dejará "ni una sola pezuña".

40. Asegúrenle que "Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo"; que Cristo "ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención"; y que del primero al último va a encontrar toda su salvación en Cristo.

41. Cuando estén satisfechos que el alma inteligentemente recibe toda esta doctrina y Cristo es revelado, entonces recuérdese que se debe permanecer hasta el fin, como la condición ulterior de salvación. Aquí tienen ante ustedes la gran obra de prevenir al alma de apostasía, de asegurar su santificación y sello permanentes para gloria eterna.

42. ¿Acaso no es muy común que el corazón apóstata de convertidos indique un defecto grave en las enseñanzas del púlpito sobre este tema?

¿Qué quiere decir que muchos convertidos esperanzados, dentro de unos meses de su conversión aparente pierdan su primer amor, pierdan su fervor en la religión, descuiden su deber y vivan del nombre de cristianos, pero en espíritu y vida mundanos?

43. Un verdadero predicador exitoso no sólo debe ganar almas para Cristo, sino mantenerlas ganadas. No sólo debe asegurar su conversión, sino su santificación permanente.

44. Nada en la Biblia está más expresamente prometido en esta vida que la santificación permanente. "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará". Esto es sin duda una oración del apóstol por la santificación permanente en esta vida, con una promesa expresa que quien nos ha llamado lo hará.

45. Aprendemos por las escrituras que "después que creemos", somos, o podemos ser, sellados con el Espíritu Santo de la promesa, y que este sello es las arras de nuestra salvación. Efesios 1:13-14: "En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria". Este sello, estas arras de nuestra herencia, es lo que hace segura nuestra salvación. De ahí, en Efesios 4:30, el apóstol dice: "Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención". Y en 2 de Corintios 1:21-22 el apóstol dice: "Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones". Por tanto, somos establecidos en Cristo y ungidos por su Espíritu, y también sellados por las arras del Espíritu en nuestros corazones. Y esto, recuérdese, es una bendición que recibamos después de que creemos, como Pablo nos informa en su epístola a los Efesios arriba citada. Ahora es de primordial importancia que a los convertidos se les enseñe a no escatimar esta santificación permanente, este sello, este ser establecidos en Cristo por la unción especial del Espíritu Santo.

46. Ahora, hermanos, si no sabemos qué significa esto por nuestra propia experiencia, y lleva a los convertidos a esta experiencia, fracasamos muy lamentable y esencialmente en nuestra enseñanza. Dejamos fuera lo más distinguido y pleno del evangelio.

47. Debe entenderse que mientras esta experiencia es rara entre los ministros, será desacreditada por las iglesias, y será próxima a imposible para que un predicador aislado de esta doctrina venza la incredulidad de su Iglesia. Se sentirán dudosos al respecto porque muy pocos la predican o creen en ella y darán razón de la insistencia de su pastor en ella al decir que su experiencia se debe a su temperamento peculiar, y de ahí que fallen en recibir la unción debido a su incredulidad. Bajo tales circunstancias es muy necesario insistir mucho en la importancia y privilegio de la santificación permanente.

48. El pecado consiste en "disposición carnal" en hacer "la voluntad de la carne y de los pensamientos". La santificación permanente consiste en consagración total y permanente a Dios. Implica rehusar obedecer los deseos de la carne o de los pensamientos. El bautismo, o el sello del Espíritu Santo, somete el poder de los deseos, y fortalece y confirma la voluntad en resistir el impulso del deseo, y en habitar permanentemente en un estado de hacer todo el ser una ofrenda a Dios.

49. Si somos silenciados en este tema, la inferencia natural será que no creemos en él, y desde luego, que no sabemos nada al respecto en experiencia. Esto inevitablemente será una piedra de tropiezo para la Iglesia.

50. Ya que esto es innegablemente una doctrina importante, y enseñada claramente en el evangelio, y es en efecto la grosura y esencia del evangelio, fracasar en enseñar esto es robar a la Iglesia de su herencia más rica.

51. El testimonio de la Iglesia, en gran parte del ministerio, sobre el asunto ha sido lamentablemente defectivo. Este legado ha sido detenido desde la Iglesia y ¿acaso es de maravillarse que apostate ignominiosamente? El testimonio de los comparativamente pocos, aquí y allá, que insistan en esta doctrina es casi nulificado por el testimonio opuesto o silencio culpable de la gran masa de los testigos de Cristo.

52. Mis queridos hermanos, mis convicciones están tan maduras y mis sentimientos tan en acción sobre el tema que debo ocultar de ustedes mis temores que la falta de experiencia personal, en muchos casos, es la razón de este gran defecto en predicar el evangelio. No digo esto para reprocharles; no está en mi corazón hacerlo. No de maravillarse que muchos de ustedes, por lo menos, no tienen esta experiencia. Su entrenamiento religioso ha sido defectuoso. Han sido llevados a tomar diferentes posturas de este tema. Varias causas han operado para perjudicarlos contra esta bendita doctrina del evangelio glorioso. No la han creído intelectualmente; y desde luego, no han recibido a Cristo en su plenitud en sus corazones. Quizá esta doctrina para ustedes ha sido una piedra de tropiezo y una roca de ofensa, pero les pido que no dejen que el prejuicio prevalezca, sino arriésguense con Cristo por una aceptación presente de él como su sabiduría, justicia, santificación y redención, y vean si no hará por ustedes con excesiva abundancia todo lo que han pedido o pensado.

53. Ningún hombre, santo o pecador, debe ser dejado por nosotros para descansar o estar quieto en la indulgencia de cualquier pecado. A nadie se le debe permitir tener la esperanza del cielo, si podemos prevenirlo, quien viva en la indulgencia de pecado sabido de cualquier forma. Nuestra demanda y persuasión constante debe ser, "Sed santos, porque yo soy santo" "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto". Recuérdese que la manera en que Cristo concluye su memorable sermón del monte. Después de propagar aquellas verdades penetrantes e impresionantes ante quienes lo escuchaban, y demandar que ellos fueran perfectos, como su padre celestial era perfecto, concluye al asegurarles que nadie podía ser salvo quien no recibiera y obedeciera sus enseñanzas. En vez de intentar agradar a nuestra gente en sus pecados, debemos seguir con el intento de descubrir y hacerles ver sus pecados. Hermanos, hagámoslo, para que nuestras vestiduras no se ensucien con su sangre. Si buscamos este curso y predicamos constantemente con unción y poder, y permanecemos en la plenitud de la doctrina de Cristo, con alegría esperaremos salvarnos y a ellos quienes nos oyen.


 
 
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