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Sermón - La Justificación por la Fe
Sermones Charles G. Finney
Domingo, 01 de Julio de 2012 16:23
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LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE

Por Charles G. Finney

 

"Sabiendo que el hombre no es justificado a base de las obras de la ley, sino por medio de la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Cristo Jesús para ser justificados a base de la fe de Cristo y no de las obras de la ley, por cuanto nadie será justificado a base de las obras de la ley." (Gálatas 2:16)

 

Este último sentimiento se expresa en los mismos términos en el tercer capítulo de Romanos. El tema de la presente conferencia, tal como anuncié la semana pasada, es la Justificación por la Fe. El orden que pienso seguir en la discusión es éste:

 

I. Mostrar qué es la justificación por la ley, o sea, la justificación legal.

II. Mostrar que por las obras de la ley ninguna carne puede ser justificada.

III. Mostrar qué es la justificación del Evangelio.

IV. Mostrar cuál es el efecto de la justificación del Evangelio, o el estado en que deja a la persona que es justificada.

V. Mostrar que la justificación del Evangelio es por la fe.

VI. Contestar algunas preguntas que pueden aparecer en la mente de algunos respecto a este tema.

 

I. Primero veremos lo que es la justificación legal.

1. En su sentido legal general, significa que no es culpable. El justificar a un individuo en este sentido es declarar que no es culpable de ninguna infracción de la ley. Es afirmar que no ha cometido ningún crimen. Es declararle inocente.

2. De un modo más técnico, es la forma de contestar el acusado cuando se le pide que responda al cargo que se le hace de un crimen, cuando el individuo encartado admite el hecho, pero da una excusa, por la cual dice que tenía derecho a obrar como obró, o que no es merecedor de culpa. Por tanto, si una persona es acusada de un asesinato, su contestación a la demanda diciendo que está justificado es admitir que mató al hombre, pero alega que fue en autodefensa, y que tenía el derecho a matarle, o que fue un accidente inevitable y que no podía hacer nada para no hacerlo. En uno y otro caso, admite el hecho, pero niega la culpa basándose en una excusa suficiente.

II. Voy a mostrar que por las obras de la ley ninguna carne es justificada. Y esto es verdad, tanto en una forma de justificación como en la otra.

1. Bajo la primera forma general de justificación. En este caso, el peso de la prueba recae en el acusador, el cual ha de demostrar los hechos de que acusa. En este caso, sólo necesita demostrar que el delito ha sido cometido una vez. Si se demuestra una sola vez, el individuo es culpable. No puede ser justificado de esta manera, por la ley. Es declarado culpable. No le sirve de nada el decir que ha hecho más bien que mal, o que ha guardado la ley de Dios más veces que no le ha quebrantado, sino que ha de demostrar que la ha cumplido hasta el último tile. ¿Quién puede ser justificado por la ley de esta manera? Nadie.

2. Ni bajo la segunda forma, o justificación técnica. En este caso, el peso de la prueba recae sobre el que se declara justificado. El que lo hace admite el hecho, y por tanto ha de tener una buena excusa, de lo contrario falla. Hay dos puntos a considerar. Lo que se declara ha de ser verdad, y ha de ser una excusa buena y suficiente, o sea, una justificación, no una excusa frívola, o que no satisface el caso. Si no es verdadera, o no es suficiente, y especialmente si incrimina al tribunal o al gobierno es un serio agravante de la ofensa. Más adelante veremos el por qué de este comentario.

Voy a mencionar ahora algunas de las razones prominentes que los pecadores tienen el hábito de dar como justificación, y veremos cuál es la verdadera naturaleza y alcance de estas excusas, y la luz bajo la cual son vistas por Dios. No tengo tiempo de nombrar todas estas excusas, pero me referiré a dos en cada una de las clases descritas, las que son buenas si son verdad, y las que son verdaderas pero no son válidas.

1. Los pecadores dan la naturaleza pecaminosa como una justificación.

Está excusa es buena, si es verdadera. Si es verdadera, como pretenden, que Dios les ha dado una naturaleza pecaminosa en sí, y las actividades de su naturaleza por necesidad son pecaminosas, es una buena excusa para el pecado, y ante el cielo y la tierra, y en el día del juicio, será una excusa buena para la justificación. Dios debe de aniquilar la razón y su uso en todo el universo racional, para poderte acusar de pecado, si ha sido Dios mismo el que te ha hecho pecar, o si te dio una naturaleza en si pecaminosa. ¿Cómo puede ser tu naturaleza pecaminosa? ¿Qué es el pecado? El pecado es una transgresión de la ley. No hay otro pecado sino éste. Ahora bien, ¿dice la ley que no has de tener una naturaleza como la que tienes? En modo alguno.

El hecho de que esta doctrina pierde de vista la distinción entre pecar y la ocasión de pecar. Los apetitos del cuerpo y los sentidos constitucionales del cuerpo la mente, cuando están fuertemente excitados, son ocasión de pecar. Así fue con Adán. Nadie va a decir que Adán tenía una naturaleza pecaminosa. Pero, por su constitución, tenía apetito para la comida y deseo de conocimiento. Éstos no eran pecaminosos, sino que eran como Dios los había hecho, y eran necesarios para equiparle para vivir en este mundo como un súbdito del gobierno moral de Dios; pero, habiendo sido estimulado fuertemente, como sabemos, acabó consintiendo en hacer algo prohibido, y así sus sentidos pasaron a ser la ocasión de que pecara contra Dios. Eran inocentes en sí, pero Adán cedió a ellos y los usó en una forma pecaminosa, y esto fue su pecado. Cuando el pecador habla de su naturaleza pecaminosa como una justificación, confunde estos apetitos y sentidos inocentes con el pecado mismo. Al hacerlo, de hecho, acusa a Dios de modo insensato, y le acusa de darle una naturaleza pecaminosa, cuando de hecho, su naturaleza, en todos sus elementos, es esencial para obrar como agente moral, y Dios la ha hecho tan bien como podía ser hecha, y perfectamente adaptada a las circunstancias en las cuales vive en este mundo. La verdad es que la naturaleza del hombre es recta y perfectamente adaptada para amar y obedecer a Dios así como para odiarle y desobedecerle. ¡Pecador, no está lejos el día en que sabrás si es una buena excusa o no! Entonces podrás ver si puedes hacerla valer ante tu Hacedor; y cuando Él te acuse de pecar vuelve las tornas y acúsale a Él.

¿Preguntas qué influencia tiene el pecado de Adán, pues, en la producción del pecado en su posteridad? Contestaré que los ha sometido a una tentación agravada, pero en modo alguno ha convertido su naturaleza en pecaminosa por sí misma.

2. Otra excusa de la misma clase es la incapacidad. Ésta es una buena excusa, si es verdadera. Si los pecadores son incapaces realmente de obedecer a Dios, es una buena excusa que justifica. Cuando se te acusa de pecar, al no obedecer las leyes de Dios, sólo tienes que mostrar con una buena prueba, si puedes, que Dios ha requerido lo que eres incapaz de ejecutar, y todo el universo resonará con el veredicto de "inocente". Si no tienes el poder natural de obedecer a Dios, tienen que darte este veredicto, o cesar de ser seres racionales. Porque es una ley primordial de la razón que no hay ser que tenga el derecho o deber de hacer lo que no tiene poder de hacer.

Supongamos que Dios requiera que deshagas algo que ya has hecho. Esto, como todo el mundo puede ver, es una imposibilidad natural. Ahora bien, ¿se te puede culpar por no hacerlo? Dios requiere el arrepentimiento de los pecados pasados, y no que hagas que no hayan sido. Supón, ahora, que era tu deber, el primero de enero, de advertir a cierto individuo pero no lo hiciste, y ahora ya está muerto. ¿Tienes la obligación de avisara este individuo? No. Es una imposibilidad. Todo lo que Dios puede requerirte ahora es que te arrepientas. Nunca puede ser tu deber, ahora, avisar a este pecador. Dios puede tenerte responsable por no hacer tu deber cuando estaba en tu poder hacerlo. Pero sería absurdo que se requiriera que hicieras aquello que no tienes el poder de hacer.

El afirmar que Dios requiere que hagas lo que no puedes hacer es falso y por tanto, el achacarle la culpa a Dios, es una agravante terrible de la ofensa. Si Dios requiere que hicieras lo que no puedes hacer sería una tiranía. Y como Dios lo requiere bajo pena de muerte eterna, amenaza con un castigo infinito, y por tanto sería infinitamente tirano. Esta excusa, pues, acusa a Dios de infinita tiranía, y no sólo es insuficiente para la justificación del pecador, sino que es un horrible agravante de la ofensa.

Vamos a variar el caso un poco. Supongamos que Dios requiere que te arrepientas por no hacer lo que nunca has tenido la capacidad natural de hacer. En este caso supuesto, o bien te has de arrepentir de no hacer lo que no tienes poder natural de hacer o has de ir al infierno. Ahora bien, tú no puedes arrepentirte de ello, ni Él puede hacerte arrepentir. ¿Qué es arrepentimiento? Es acusarte a ti mismo y justificar a Dios. Pero si no tenías poder, no puedes hacer ni lo uno ni lo otro. Es una imposibilidad natural que un ser racional se acuse nunca a sí mismo de hacer aquello que es consciente de no poder hacer. Ni se puede justificar a Dios. Hasta que las leyes de la mente sean cambiadas, el veredicto de todo ser inteligente ha de declarar que es una tiranía infinita el requerir de alguien aquello que no tiene poder de hacer.

Supón que Dios te llama a cuentas y requiere que te arrepientas de no volar. ¿En qué forma se te puede culpar de no volar, cuando te das buena cuenta que no tienes alas ni poder para volar? Si Dios pudiera enseñarte a creer que tienes el poder y te hiciera creer una mentira, entonces podrías arrepentirte. Pero, ¿qué clase de actividades son éstas para suponer que Dios las realiza con sus criaturas?

¿Qué es lo que significas, pecador, al traer una excusa así? ¿Quieres decir que nunca has pecado? Es una contradicción extraña en que incurres cuando admites que tendrías que arrepentirte, y luego dices a continuación que no tienes el poder de hacerlo. Tienes que mantenerte firme, lo uno o lo otro. Si quieres decir que confías en esta excusa, da la cara y preséntate ante el tribunal de Dios y di: "Señor, no me voy a arrepentir de ninguna manera, porque no tengo el poder de obedecer tu ley, y por tanto me declaro no culpable en absoluto, pues nunca he pecado."

¿En cuál de estas formas puede alguien ser justificado? Te atreves a usar esta excusa y echarle la culpa a Dios?

3. Hay otra excusa que los pecadores ofrecen por su continua impenitencia es su corazón corrompido.

Esta excusa es verdadera, pero no basta. Las dos primeras que he mencionado, como se recordará, hubieran sido buenas si fueran verdaderas, pero eran falsas. Ésta es verdadera, pero no es ninguna excusa. ¿Qué es un corazón corrompido? Supongamos que has cometido un asesinato, y has de comparecer ante el tribunal y declarar tu contestación a la acusación. "Es verdad --dirías-- he matado a este hombre, pero es que tengo una sed tal de sangre y un odio tal a la humanidad que no puedo por menos que cometer asesinatos cada vez que tengo oportunidad." “¡Horrible! --Exclamaría el juez--. ¡Horrible! Que le ahorquen inmediatamente. Este hombre no debe vivir una hora más. Lo que da como excusa, la sed de sangre, es lo que le hace más digno de la horca." Esto es lo que hace el pecador al tratar de excusarse en el corazón perverso. "De tu propia boca te condeno, ¡oh siervo malvado!"

4. Otra gran excusa que da la gente es la conducta de los cristianos.

Pregunta a muchos entre tus vecinos por qué no son religiosos y te indicarán, al instante, la conducta de los cristianos como excusa. "Estos cristianos no son mejores que el resto --te dirían--; cuando vea que vivan como profesan, consideraré que es hora de ser religioso." De manera que este hombre se excusa detrás de los pecados de los cristianos. Muestra que sabe cómo deberían vivir los cristianos, y por tanto no puede decir que ha pecado por ignorancia. Pero, ¿hasta qué punto tiene valor como base de justificación? Admito el hecho que los cristianos se comportan mal, y hacen muchas cosas enteramente contrarias a su profesión de fe. Pero, ¿es ésta una buena excusa? Muy al contrario, ésta es precisamente una de las principales razones por las que tendrías que ser religioso. Sabes bien cómo tendrían que vivir los cristianos, por tanto tendrías que darles ejemplo. Si los hubieras seguido por ignorancia, porque no los conocías mejor, y hubieras caído en pecado haciéndolo, esto sería diferente. Pero lo que has presentado como excusa muestra que sabías que no obran bien, lo cual es una de las razones por las que tú deberías obrar bien, y ejercer más influencia de la que ejerces ahora. En vez de seguirlos, y obrar mal porque lo hacen ellos, tendrías que romper con ellos, reprenderlos, orar u orar por ellos y conducirlos a un lugar mejor. Esta excusa, pues, es verdadera de hecho, pero no está adecuada para justificación. Sólo puedes presentarla como excusa si acusas a Dios de modo insensato, y en vez de justificarte, esto añadiría pecado a tu culpa espantosa que te condena.

¿Quién, pues, entre vosotros, puede ser justificado por la ley? ¿Quién la ha guardado? ¿Quién tiene una buena excusa para escapar? ¿Quién se atreve a presentarse ante el tribunal de Dios con estas excusas, y hacer frente a su Hacedor?

III. Voy a mostrar lo que es la justificación del Evangelio.

Primero, negativamente.

1. La justificación del Evangelio no es la justicia imputada de Jesucristo.

Bajo el evangelio los pecadores no son justificados por el hecho de que la obediencia de Jesucristo es puesta en su cuenta para saldar la cuenta. Ésta es una equivocación frecuente: creer que cuando los pecadores son justificados por el Evangelio, son considerados justos bajo el ojo de la ley cuando se les imputa la obediencia o justicia de Cristo. No tengo tiempo para entrar en un examen de este tema ahora. Sólo puedo decir que esta idea es absurda e imposible, por esta razón, que Jesucristo fue puesto bajo obediencia de la ley por sí mismo y por tanto no podía ejecutar obras de supererogación, u obedecer en este sentido, como tampoco pueden los demás. ¿No era su deber el amar a su Señor y Dios, de todo su corazón, de toda su alma, de toda su mente y fuerza, y amar a su prójimo como a sí mismo? Ciertamente; y si no lo hubiera hecho habría estado en pecado. La única obra de supererogación que podía ejecutar era someterse a sufrimiento que no merecía. Esto se llama su obediencia hasta la muerte, y esto fue lo que es puesto a nuestra cuenta. Pero si su obediencia de la ley es la que es puesta a nuestra cuenta, ¿por qué se nos llama a arrepentirnos y obedecer la ley a nosotros? ¿Requiere Dios un servicio doble, es más, un servicio triple: primero, que la ley sea obedecida para nuestra seguridad, luego que Él sufra el castigo por nosotros, y después que nosotros nos arrepintamos y obedezcamos también? No se requiere nada de esto. No se requiere que la obediencia de otro nos sea imputada. Todo lo que debemos es obediencia perpetua a la ley de benevolencia. Y para ésta no puede haber substituto. Si fallamos en esto, hemos de sufrir el castigo o recibir el perdón gratuito.

2. La justificación por la fe no significa que la fe es aceptada como substituto por la santidad personal, o que, por una decisión arbitraria, la fe nos es imputada a nosotros en vez de una obediencia personal a la ley.

Algunos suponen que la justificación es esto, que la necesidad de entidad personal es puesta de lado, y que Dios, de modo arbitrario, dispensa los requerimientos de la ley e imputa la fe como substituto. Pero no es esto. La fe cuenta por lo que es, y no por lo que no es. A Abraham le fue imputada la fe para justicia, porque era en sí un acto de justicia, y porque obraba por amor y esto produjo santidad. La fe que justifica es santidad, en lo que nos afecta, y produce santidad de corazón y de vida, y es imputada al creyente como santidad, no en vez de santidad.

Ni tampoco implica la justificación por la fe que un pecador está justificado por la fe sin buenas obras, o santidad personal.

Algunos suponen que la justificación por la fe sola, sin consideración alguna a las buenas obras, es santidad. Entienden esto de lo que dijo Pablo, donde hace tanto énfasis en la justificación por la fe. Pero hay que recordar que Pablo estaba combatiendo un error de los judíos, que esperaban ser justificados por la obediencia de la ley. En oposición a este error, Pablo insiste en que la justificación es por fe, sin las obras de la ley. Pablo no quiere decir que las buenas obras sean innecesarias para la justificación, sino que las obras de la ley no son buenas obras, porque proceden de consideraciones legales, del temor o la esperanza, y no de la fe que obra por amor. Pero como esta teoría falsa había arraigado en la iglesia, en el otro extremo, Santiago quiso aclarar la cosa, mostrándoles que habían entendido mal a Pablo. Y para mostrarlo, toma el caso de Abraham, nuestro padre, justificado por las obras cuando hubo ofrecido a Isaac, su hijo, sobre el altar. ¿Ves aquí cómo la fe fue obrada por sus obras, y por las obras la fe fue perfeccionada? Y se cumplió la Escritura que dice: "que Abraham creyó a Dios y le fue contado a justicia, fue llamado amigo de Dios. Veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe". Esta epístola da la impresión que contradice a Pablo, y algunas iglesias antiguas la rechazaron por este motivo. Pero no se dieron cuenta del hecho que Pablo estaba hablando de una clase de obrar y Santiago de otra. Pablo estaba hablando de obras ejecutadas por motivos legales. Pero ha insistido en todas partes en que las buenas obras que proceden de la fe, o la justicia de la fe, son indispensables para la salvación. Todo lo que niega es que las obras de la ley, o las obras basadas en motivos legales, tengan nada que ver en el asunto de la justificación. Y Santiago enseña la misma cosa, cuando dice que los hombres son justificados, no por obras o por fe solamente, sino por fe juntamente con las obras de la fe; o, como dice Pablo, la fe que obra por amor. Hay que recordar que estoy hablando de la justificación del Evangelio que es muy diferente de la justificación legal.

Segundo, de modo positivo.

4. La justificación del Evangelio, o la justificación por la fe, consiste en el perdón y la aceptación de Dios.

Cuando decimos que los hombres son justificados por la fe y la santidad, no queremos decir que éstas son aceptadas en la misma base de la ley, sino que los hombres son tratados como si fueran justos, por razón de su fe y de las obras de la fe. Éste es el método que Dios sigue al justificar al pecador. No que la fe sea el fundamento de la justificación. El fundamento es Cristo. Pero ésta es la manera en que los pecadores son perdonados, aceptados y justificados si es que se arrepienten, creen y pasan a ser santos, sus pecados pasados serán perdonados por amor a Cristo.

Aquí se ve cómo la justificación bajo el Evangelio difiere de la justificación bajo la ley. La justificación es una declaración de inocencia y ausencia real de culpa. La justificación del Evangelio es perdón y aceptación, como si el perdonado fuera obediente, pero con una base distinta de su propia obediencia. Cuando el apóstol dice: "Por las obras de la ley ninguna carne será justificada", usa la palabra justificación como lo haría un abogado, en un sentido estrictamente legal. Pero cuando habla de justificación por la fe, no habla de justificación legal, sino de que una persona es tratada como si fuera justa.

IV. Voy a mostrar ahora el efecto de este método de justificación; o el estado en el cual deja los que son justificados.

1. El primer punto a observar es que, cuando un individuo es perdonado el castigo de la ley es puesto de lado. El primer efecto de un perdón es parar y poner de lado la ejecución de un castigo. Admite que el castigo es merecido, pero se pone de lado. Así pues, por lo que se refiere a castigo, el individuo ya no tiene que temer más a la ley, como si no hubiera delinquido. Está enteramente libre. Los que son justificados por la fe, pues, tan pronto como son perdonados no tienen por qué estar más bajo el temor del castigo. El castigo ha sido puesto efectivamente de lado, como si nunca se hubiera incurrido en él.

2. El segundo efecto del perdón es eliminar todas las responsabilidades en las que se ha incurrido como consecuencia de la transgresión, tales como la pérdida de bienes, la incapacidad de testificar, o tener un cargo del gobierno. Un perdón real elimina todo esto, y restaura al individuo a donde estaba antes de la transgresión. De modo que bajo el gobierno de Dios, el pecador perdonado es restaurado al favor de Dios. Es vuelto de nuevo a la relación con Dios y puede presentarse delante de Él y es tratado por Él, en cuanto afecta a la ley, como si fuera inocente. No significa que es inocente o se le declara como realmente inocente, sino que el perdón le restaura al mismo estado como si lo fuera.

3. Otra operación del perdón bajo el gobierno de Dios es que el individuo es restaurado en su filiación. En otras palabras, le pone en una relación tal con Dios que es recibido y tratado como un hijo real de Dios.

Supongamos que el hijo de un soberano en el trono ha cometido un asesinato, y ha sido sentenciado y condenado a muerte. Si se le concediera el perdón, esto le libraría no sólo de la muerte, sino que le restauraría a su lugar en la familia. Los hijos de Dios se han descarriado, y han entrado en el servicio del diablo; pero en el momento en que se les concede el perdón, son devueltos al lugar anterior; reciben un espíritu de adopción, son herederos sellados de Dios, y restaurados a todos los privilegios de los hijos de Dios.

4. Otro punto que efectúa la justificación es asegurarnos toda la gracia necesaria para rescatarnos plenamente de las trampas del diablo y de los innumerables enredos en que nos envuelve el pecado.

Amado, si Dios te perdonara, meramente, y luego te dejara, que te desentendieras del pecado por tu cuenta, ¿de qué iba a servirte el perdón? No te serviría para nada. Si un niño se escapa de la casa de su padre, vaga por el bosque y cae en un hoyo profundo y el padre decide salvarlo, y le busca, si meramente le perdona el que se haya escapado, esto no le va a servir de nada, a menos que le saque del hoyo y del bosque. Por ello, en el plan de la redención, si crees, tienes garantizada toda la ayuda y socorro que necesitas. Si Dios emprende la tarea de salvarte, te promete toda la luz, gracia y ayuda necesarias para romper las cadenas de Satán y las redes del pecado, y conducirte otra vez a la casa del Padre.

Sé que cuando los individuos por primera vez son quebrantados bajo el sentimiento de pecado, y sus corazones están llenos de ternura, miran a sus vidas pasadas y se sienten condenados y ven que todo es pecaminoso y luego se postran ante Dios y se entregan a Jesucristo; se gozan grandemente en la idea de que han terminado con el pecado. Pero al poco empiezan a sentir la presión de los antiguos hábitos y las viejas influencias, y ven lo mucho que tienen que vencer, y se sienten desanimados y grita: "Oh, ¿qué voy a hacer con tantos enemigos y con tan poco fuerza en mi decisión y firmeza en el propósito para vencerlos?" Déjame decirte que si Dios ha emprendido el salvarte, y tú permaneces junto a Él, Él va a llevarte a la victoria. No tienes por qué temer a los enemigos. Aunque los cielos rujan y la tierra tiemble y los elementos se derritan, no tienes por qué temer, ni a los enemigos de fuera ni de dentro. Dios está contigo, y ¿quien estará contra ti? "¿Quién es el que os condenará? Si Cristo es el que murió, también es el que resucité, y está sentado a la diestra de Dios, haciendo intercesión por nosotros."

5. La justificación pone todos los atributos divinos en tu favor, como si no hubieras pecado nunca.

Ves a aquel ángel, enviado en un mensaje de amor a alguna parte distante del universo. El ojo de Dios le sigue, y si ve que va a sufrir daño en alguna forma, todos los atributos divinos están listos en su protección y sostén. Y lo mismo, en absoluto, ha sido prometido en tu favor, si eres justificado, para protegerte, apoyarte y salvarte. A pesar de que existe la posibilidad de que peques, y de que eres totalmente indigno del amor de Dios, con todo, si eres justificado verdaderamente, el Dios eterno y omnisciente se ha comprometido a salvarte. Y ¿vamos a temblar y desmayar con esta ayuda?

Si un gobierno humano perdona a un criminal, luego, se compromete a protegerle como súbdito como si no hubiera cometido un crimen. De este modo, Dios justifica al pecador. El apóstol dice: "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios." A partir de entonces, Dios está a nuestro lado, y ha prometido que será nuestro amigo fiel y para siempre.

La justificación del Evangelio difiere de la justificación legal en este aspecto: Si la ley justifica a un individuo, está justificación se mantiene en tanto que sigue siendo inocente. Tan pronto como delinque otra vez, su justificación anterior no le sirve de nada. Pero cuando el Evangelio justifica a un pecador, es distinto, porque "si alguno peca, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo". Se ha constituido una nueva relación, enteramente peculiar. El pecador es quitado del pacto de las obras, y colocado bajo el pacto de la gracia. Ya no está obligado a retener el favor de Dios por medio de mantener una obediencia absoluta y sin pecado. Si ahora peca, no es lanzado de nuevo bajo la ley, sino que recibe el beneficio del nuevo pacto. Si es justificado por la fe, y por tanto hecho un hijo de Dios, recibe el trato de hijo, y es corregido, disciplinado, humillado y vuelto al redil. "Los dones y llamadas de Dios son sin arrepentimiento." El significado de esto no es que Dios llame y salve al pecador sin que éste tenga que arrepentirse, sino que Dios nunca cambia su modo de pensar una vez ha emprendido la salvación de un alma.

Ya sé que algunos creen que ésta es una doctrina muy peligrosa, el enseñar a los creyentes que están justificados perpetuamente; porque, dicen, les hará atreverse a pecar. ¡Jamás! ¿El decir a un hombre que se ha arrepentido verdaderamente del pecado y sinceramente renuncia al pecado, que Dios le ayudará y ciertamente le dará la victoria sobre el pecado, le hará más atrevido para cometerlo? ¡Qué lógica más extraña es ésta! Si esta doctrina hace a este hombre más atrevido a cometer pecado, sólo muestra que nunca se había arrepentido; que nunca aborreció el pecado, y que nunca amó a Dios por sí mismo, y que sólo fingió el arrepentimiento, y que si amó a Dios fue con amor egoísta, porque pensó que iba a hacer un favor a Dios. Si una persona ha odiado el pecado verdaderamente, la consideración a pesar de no merecerlo, Dios le ha recibido como a un hijo, y le trata como a un hijo, es más que suficiente para quebrantarle y derretir su corazón en la mayor pena según Dios. ¡Oh, cuántas veces el hijo de Dios se ha quedado absorto en asombro y adoración ante la bondad de Dios al restaurarlo, en vez de enviarle al infierno como merecía! ¡Qué consideración puede postrarle en el polvo con mayor certeza que el pensar que a pesar de todo lo que Dios había hecho por él, y la ayuda que Dios le había proporcionado siempre, se hubiera descarriado de nuevo, cuando su nombre había ya sido escrito en el Libro de la vida del Cordero!

6. Asegura la disciplina del pacto. Dios ha prometido que si alguno que pertenece a Cristo se descarría, usará la disciplina del pacto, para volverlo al redil. En el salmo 89, Dios dice, poniendo a David como tipo de Cristo: "Si dejan sus hijos mi ley, y no andan en mis juicios, si profanan mis estatutos, y no guardan mis mandamiento, entonces castigaré con vara sus transgresiones, y con azotes sus iniquidades. Mas no retiraré de él mi misericordia, ni desmentiré mi verdad. No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios" (vv. 30-34).

Así que se puede ver que los que profesan religión pueden esperar siempre ser visitados por los juicios de Dios si se apartan del camino, más que los impenitentes. El pecador puede engordar en el pecado y mecerse en las riquezas, sin ser visitado, todo conforme a los principios de gobierno establecidos por Dios. Pero si un hijo de Dios le abandona y se va tras las riquezas u otro objeto mundano, puede estar bien seguro, como es un hijo de Dios, de que va a ser golpeado con su vara. Y cuando es disciplinado y hecho regresar, dirá como el salmista: "Bueno es para mí el haber sido afligido, para aprender tus estatutos. Antes de ser afligido, me descarrié, pero ahora he guardado tu palabra." Quizás algunos de los que leen estas palabras saben lo que es ser afligido de esta manera, y saben también que fue bueno para ellos.

7. Otro efecto de la justificación del Evangelio es asegurar la santificación. No sólo asegura todos los medios de santificación, sino el cumplimiento real de la obra, de modo que el individuo que es verdaderamente convertido, perseverará en obediencia hasta que esté preparado para el cielo y efectivamente salvado.

La fe es el medio por el cual la bendición llega al creyente. La prueba de esto está en la Biblia. El texto lo declara de modo expreso: "Sabiendo que el hombre no es justificado a base de las obras de la ley, sino por medio de la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados a base de la fe de Cristo, y no de las obras de la ley, por cuanto nadie será justificado a base de las obras de la ley." El tema es tratado muchas veces en el Nuevo Testamento y no es necesario entrar en una prueba más detallada. Es manifiesto, por la necesidad del caso, que si el hombre se salva, tiene que ser justificado de esta manera, y no por las obras de la ley, porque "por las obras de la ley ninguna carne puede ser justificada,.

VI. Voy a contestar ahora algunas preguntas que pueden muy bien aparecer en vuestra mente respecto a este tema.

1. "Por qué se dice que la justificación es por la fe y no por el arrepentimiento, el amor o alguna otra gracia."

Contestación. No se dice en ninguna parte que el hombre es justificado por la fe en el sentido que ésta es la base de su perdón, sino sólo que es justificado por medio de la fe, o sea, que la fe es el medio o instrumento. Si se pregunta por qué la fe es designada como el instrumento, más bien que otro ejercicio de la mente, la respuesta es que esto es debido a la naturaleza y efecto de la fe. Ningún otro ejercicio puede ser designado. ¿Qué es la fe? Es la confianza en Dios que nos guía a amarle y obedecerle. Por tanto, somos justificados por la fe porque somos santificados por la fe. La fe es el instrumento designado para nuestra justificación, porque es el instrumento natural de la santificación. Es el instrumento que nos vuelve a la obediencia y por tanto está designado como el medio de obtener las bendiciones de este retorno. No se nos imputa como un acto arbitrario, por lo que no es, sino por lo que es, como el fundamento de toda obediencia real a Dios. Ésta es la razón por la que la fe es el medio por el cual nos llega el perdón. Se nos atribuye por lo que realmente es; porque nos conduce a obedecer a Dios a base del principio del amor a Dios. Se nos perdonan los pecados a causa de Cristo. Nuestro deber es arrepentirnos y obedecer a Dios, y cuando lo hacemos, esto nos es atribuido por lo que es, santidad y obediencia a Dios. Pero para el perdón de nuestros pecados pasados, hemos de confiar en Cristo. Y por tanto, la justificación se dice que es por medio de la fe en Jesucristo.

2. La segunda pregunta es de gran importancia: "¿Qué es la fe que justifica? ¿Qué es lo que debo creer, a fin de ser salvado?"

Respuesta (1). Negativamente, la fe que justifica no consiste en creer que tus pecados han sido perdonados. Si esto fuera necesario, tendrías que creer algo antes de que ocurriera, o creer una mentira. Recuerda, tus pecados no son perdonados hasta que crees. Por lo que, si la fe que salva es creer que ya están perdonados, es creer una cosa antes que tenga lugar, lo cual es absurdo. No puedes creer que tus pecados están perdonados antes de tener evidencia de que han sido perdonados; y no puedes tener esta evidencia hasta que sea verdad que han sido perdonados, y no pueden ser perdonados hasta que ejerces la fe que salva. Por tanto, la fe que salva tiene que ser creer otra cosa.

Ni (2) tampoco la fe que salva consiste en creer que serás perdonado en absoluto. No tienes derecho a creer que serás salvo hasta que has ejercido la fe que justifica o salva.

Pero (3) la fe que justifica consiste en creer en la expiación de Cristo o creer que Dios ha enviado a su hijo.

Algunos han dudado que esto sea correcto, y he de confesar que yo mismo he cambiado en este punto. Se dice que Abraham creyó en Dios y que esto le fue contado por justicia. Pero, ¿qué es lo que Abraham creyó? Creyó que iba a tener un hijo. ¿Esto es todo? De ningún modo. Su fe incluía la gran bendición que dependía de este suceso, que el Mesías, el Salvador del mundo, procedería de él. Este fue el gran tema del pacto con Abraham, y esto dependía de que tuviera un hijo. Naturalmente, la fe de Abraham incluía el "deseo de todas las naciones", y era la fe en Cristo. El apóstol Pablo lo ha mostrado en detalle en el capítulo tres de los Gálatas; que la suma del pacto era: "En ti serán benditas todas las naciones.: En el versículo 16 dice: "A Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como refiriéndose a muchos, sino a uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo."

Se objeta que en el capítulo 11 de Hebreos, los santos de que se habla no se dice que creyeran en Cristo. Pero si se examina cuidadosamente, se halla que en todos los casos se incluye la fe en Cristo en quien creían o está implicada. Tomemos el caso de Abel: "Por la fe, Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio sobre sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella." ¿Por qué su sacrificio más excelente? Porque al ofrecer las primicias de su rebaño, reconocía la necesidad de la expiación, y que "sin derramamiento de sangre no se hace remisión". Caín era un infiel, orgulloso, y ofreció los frutos de la tierra, como una mera ofrenda de gracias, por las bendiciones de la Providencia, sin ninguna admisión de que era un pecador, y que necesitaba una expiación, como base sobre la cual esperar el perdón.

Algunos suponen que un individuo podría ejercer la fe que justifica negando al mismo tiempo la divinidad y la expiación de Jesucristo. Yo niego esto. La suma total y la sustancia de la revelación, como rayos convergentes, todos se centran en Jesús, en su divinidad y en su expiación. Todo lo que los profetas y otros escritores del Antiguo Testamento dicen sobre la salvación va a parar a Él. El Nuevo Testamento y el Antiguo, todos los tipos y símiles le indican a Él. Todos los santos del Antiguo Testamento fueron salvados por la fe en Él. Su fe tenía su fin en el Mesías venidero, como los santos del Nuevo Testamento la tenían en el Mesías que ya había venido. Es el capítulo 15 de 1 Corintios, el apóstol Pablo muestra qué lugar asignaría a esta doctrina: "Porque en primer lugar os transmití lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras" (v. 3). Notemos la expresión "en primer lugar". Muestra que Pablo predicaba que Cristo había muerto por los pecadores como la doctrina "primera" o primaria del Evangelio. Y así encontraremos, de un extremo al otro de la Biblia, que la atención de los hombres estaba dirigida a este camino nuevo y vivo, el único camino de salvación. Esta verdad es la única verdad que puede santificar a los hombres. Pueden creer mil otras cosas, pero ésta es la gran fuente de santificación: "Dios en Cristo, reconciliando al mundo a sí mismo." Y sólo esto puede ser la fe que justifica.

Puede haber muchos otros actos de fe, que pueden ser rectos y aceptables a Dios. Pero no hay nada que sea la fe que justifica excepto el creer el hecho de que Dios ha dado a su Hijo. El simple hecho de creer que Dios se ha revelado es un acto de fe; pero la fe que justifica se aferra a Cristo, echa mano de la expiación y la abraza como la única base del perdón y la salvación. Puede haber fe en la oración, la fe que se ejercita al ofrecer a Dios la oración que prevalece. Pero ésta no es propiamente la fe que justifica.

3. "¿Cuándo es justificado el hombre?"

Ésta es una pregunta que se hace con frecuencia. La contestación es: tan pronto como cree en Cristo, con la fe que obra por amor. Pecador, no tienes que ir a tu casa, dejando esta reunión, bajo la ira del Todopoderoso. Puedes ser justificado aquí, en este momento; basta con que creas en Cristo. Tu perdón está listo, hecho y sellado con el sello del cielo; y los blancos han sido llenados, y el perdón será entregado tan pronto como en un acto de fe recibas a Jesucristo que se te ofrece en el Evangelio.

4. "¿Cómo puedo saber si estoy en el estado de justificación o no?"

Respuesta. No se puede, excepto por medio de la inferencia. Dios no ha revelado en las Escrituras que tú o cualquier otro individuo ha sido justificado; pero ha establecido las características de la persona justificada, y declara que todos los que poseen estas características son justificados.

(1) ¿Has tenido el testimonio del Espíritu? Todos los que son justificados lo tienen. Tienen tratos con el Espíritu Santo, que les explica las Escrituras y los conduce a la comprensión de su significado, los guía al Hijo y al Padre; y revela al Hijo en ellos y al Padre. ¿Lo tienes? Si lo tienes eres justificado. Si no, aún estás en tus pecados.

(2) ¿Tienes los frutos del Espíritu? Son amor, gozo, paz y así sucesivamente. Éstos son rasgos que uno puede ver en sí. ¿Los tienes? Si es así, eres justificado.

(3) ¿Tienes paz con Dios? El apóstol dice: "Siendo justificados por la fe, tenemos paz para con Dios." Cristo dice a sus discípulos: "Mi paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da." Y también dice: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados y yo os haré descansar." ¿Tienes descanso en Cristo? ¿Es tu paz como un río, que fluye suavemente por tu alma y te llena de calma y deleite celestial? ¿O te sientes todavía bajo la condenación de Dios?

¿Tienes un sentimiento de ser aceptado por Dios, de ser perdonado, de comunión con Dios? Esto ha de ser un asunto de tu experiencia si existe. No te imagines que puedes estar justificado y no tener evidencia de ello. Puedes tener gran paz en realidad, que llena tu alma, y con todo, no sacar la inferencia de que eres justificado. Recuerdo cuando mi alma estaba en este estado de dulce paz, que me parecía que toda la naturaleza estaba escuchando para que Dios hablara; pero yo no tenía idea que esta paz era de Dios, o que era evidencia de que mi estado era el de justificación. Yo creía que había perdido toda mi convicción, y en realidad emprendí la tarea de traer otra vez el sentimiento de condenación que tenía antes. No saqué la inferencia de que estaba justificado, hasta que el amor de Dios fue derramado en mi alma por el Espíritu Santo y me sentí forzado a gritar: "Señor, basta, no puedo resistirlo más." No creo que sea posible que dure mucho el sentimiento de condenación cuando ha tenido lugar el acto del perdón.

4. ¿Tienes el espíritu de adopción? Si eres justificado, también eres adoptado, como uno de los queridos hijos de Dios, y Él ha enviado su Espíritu en tu corazón, de modo que exclames de modo natural: "¡Abba, Padre!" Él te parece como un padre, y tú quieres llamarle padre. ¿Conoces algo de todo esto? El llamar a Dios tu padre en el cielo es distinto de sentirle en ti como un padre. Ésta es la evidencia de un estado justificado, cuando Dios da el espíritu de adopción.

CONCLUSIÓN

I. Me gustaría ir a cada uno de mis queridos oyentes esta noche y preguntarles uno a uno: "¿Estás en estado de justificación? ¿Crees sinceramente que estás justificado?"

He repasado brevemente el tema y he mostrado lo que la justificación no es, y lo que es, cómo puedes ser salvo y las evidencias de la justificación. ¿La tienes? ¿Te atreverías a morir ahora? Supón que oyes el clarín de la final trompeta que resuena por todo el universo y ves al Hijo de Dios que desciende para el juicio; ¿estás preparado? ¿Podrías mirar hacia arriba y decir: "Padre, éste es un momento solemne, pero Cristo ha muerto, y Dios me ha justificado, quién es el que me va a condenar"?

II. Si crees que has sido justificado y no tienes la presente evidencia de ello, quiero hacerte unas preguntas: ¿Estás bajo la disciplina del pacto? El pacto de Dios contigo si perteneces a Cristo es éste: "Si se vuelven atrás, visitaré su iniquidad con vara, y con azotes sus transgresiones." ¿Sientes los azotes? ¿Está Dios despertando tu alma y redarguyendo tu conciencia, al azotarte? Si no, ¿dónde está la evidencia de que estás en tratos de hijo con Él? Si no andas con Dios, y al mismo tiempo no estás bajo su castigo, tienes buenas razones para creer que no eres hijo de Dios.

III. Aquellos que tienen evidencia de que han sido justificados deben mantener su relación con Dios y estar a la altura de sus privilegios reales. Esto es de inmensa importancia. No hay virtud en ser desconfiado e incrédulo. Es importante para tu crecimiento en la gracia. Una razón por la que muchos cristianos no crecen en la gracia es que tienen miedo de reclamar sus privilegios de hijos de Dios que les pertenecen. Tenlo presente, lo contrario no es humildad virtuosa, sino incredulidad culpable. Si tienes evidencia de que eres justificado, aprovecha la ocasión para dar un nuevo paso hacia la santidad del corazón, y ven a Dios con toda la confianza con que lo haría un ángel, y ve cuán cerca estás de Él. Es tu deber hacerlo. ¿Por qué tienes que retraerte? ¿Por qué tienes miedo de reconocer el pacto de gracia en toda su plenitud? Aquí hay las provisiones de la casa de tu Padre, preparada y gratuita; y eres convertido y justificado, y restaurado a su favor, y ¿todavía tienes miedo de sentarte a la mesa del Padre? No digas que no eres digno. Esto no es sino auto justificación e incredulidad. Verdaderamente, no eres digno. Pero si eres justificado esto ha dejado de ser un obstáculo. Es tu deber ahora el aceptar las promesas que te pertenecen. Toma las promesas que puedas hallar en la Biblia que sean aplicables, y ve con ellas a tu Padre, y reclámalas, creyendo. ¿Crees que te las negará? Estas promesas sobremanera grandes y preciosas te fueron dadas con este mismo propósito, que pudieras llegar a ser partícipe de la divina naturaleza. ¿Por qué has de dudar? Ven, querido, y en a los privilegios que te pertenecen, y haz tuyo el amor, el gozo y la paz que se te ofrecen en este santo Evangelio.

IV. Si no te hallas en el estado de justificación, por más que hayas hecho, orado y sufrido, no eres nada. Si no has creído en Cristo, si no le has recibido y has confiado en él, tal como se te presenta en el Evangelio, te hallas en un estado de condenación y de ira. Puede que te hayas hallado durante semanas, meses o años gimiendo, desazonado, y a pesar de todo, todavía sigues en la amargura. Mira la línea trazada; en el momento que la cruces, te hallarás en el estado de justificación.

Querido oyente, ¿estás ahora en el estado de la ira? Cree ahora en Cristo. Todo tu esperar y todo tu gemir no te va a llevar más cerca. ¿Dices que necesitas más convicción? Ven y díselo a Cristo. ¿Dices que has de esperar hasta que hayas orado más? ¿Para qué sirve la oración en la incredulidad? ¿Sirven de algo las oraciones de un rebelde condenado? ¿Dices que eres indigno? Pero Cristo ha muerto por los tales. Él viene a ti ahora, en tu asiento. ¿Por qué sigues sentado? ¿A quién es que estoy hablando? Pecador, no tienes por qué esperar más. No tienes por qué ir a casa con tus pecados, con esta grave carga en tu corazón. Ahora es el día de salvación. Oye la palabra de Dios. "Si crees en tu corazón en el Señor Jesucristo, y confiesas con tu boca que Dios le ha levantado de los muertos, serás salvo."

Dices: "¿Qué debo creer?" Cree simplemente lo que Dios dice de su Hijo; cree cualquiera de estas verdades fundamentales que Dios ha revelado respecto al camino de salvación, y descansa tu alma en ella, y serás salvo. ¿Quieres confiar ahora en que Jesucristo se hace cargo de ti? ¿Tienes confianza bastante en Cristo para abandonarte a Él, para que disponga de tu cuerpo y de tu alma, para el tiempo y la eternidad? Entonces di:

"Señor, a ti me entrego;

Esto es todo lo que puedo hacer."

Quizás estás tratando de sacarte a ti mismo de las dificultades antes de venir a Cristo. Pecador, esto no te servirá para nada. Échate a sus pies, y deja tu alma en sus manos. Dile: "Señor, me entrego a ti, con todo mi cuerpo y mi alma; úsame y dispón de mi como quieras, éste es todo mi deseo." ¿Quieres hacerlo?

 

 
 
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