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Sermón - El Verdadero Caracter
Sermones Charles G. Finney
Domingo, 01 de Julio de 2012 16:43
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EL VERDADERO CARACTER

Por Charles G. Finney

 

"Examinaos a vosotros mismos para ver si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos" (2. Corintios 13:5).

 

Al hablar de este texto pienso seguir el siguiente orden:

I. Mostrar lo que implica lo que manda este texto.

II. La necesidad de este mandato.

III. Lo practicable del deber mandado.

IV. Dar algunas indicaciones respecto a la forma de ejecutar este deber.

I. Voy a mostrar lo que significa el mandato del texto: "Examinaos a vosotros mismos, para ver si estáis en la fe; probaos a vosotros mismo."

Requiere que entendamos nuestros propios corazones, que demos los pasos apropiados para asegurarnos de nuestro carácter real, tal como aparece a la vista de Dios. No se refiere a una prueba de nuestra fuerza, nuestro conocimiento, sino de nuestro carácter moral, que deberíamos probar de modo concienzudo, a fin de entender qué tal es. Implica que deberíamos saber cómo nos ve Dios y lo que piensa de nosotros, si nos considera santos o pecadores. No es nada menos que una orden positiva a que averigüemos cuál es nuestro verdadero carácter, y decidamos definitivamente la cosa por nuestra cuenta, si somos santos o pecadores, herederos del cielo o herederos del infierno.

II. Voy a mostrar la necesidad de este requerimiento.

1. Es indispensable para nuestra paz interior que probemos y averigüemos nuestro verdadero carácter tal como es a la vista de Dios.

El individuo que no está seguro de su verdadero carácter no puede tener paz interior. Puede estar indiferente o apático, en mayor o menor grado, pero la indiferencia es bastante diferente de la paz. Y algunos de los que profesan religión, o personas que siguen oyendo el evangelio, pueden llegar a esta apatía o indiferencia al cabo del tiempo, hasta el punto de suprimir todos los sentimientos de desazón e inseguridad respecto a su verdadero carácter y su destino. No estoy hablando de hipócritas, que tienen sus conciencias cauterizadas, o los burlones, que se han apartado del todo de Dios. Pero en cuanto a los otros, es estrictamente verdadero que han de poder dar respuesta a esta pregunta a fin de poder gozar de la paz interior.

2. Es esencial a la sinceridad cristiana.

Un hombre cuya mente no ha aclarado cuál es su verdadero carácter no se puede decir que sea sincero en cuanto a la religión. Si hace profesión de religioso cuando no sabe de veras si es un santo, ¿cómo puede decirse que sea exactamente sincero? Es un hipócrita a medias en el corazón. Así que, cuando ora, está en dudas a medias sobre si sus oraciones son aceptables, por proceder de un hijo de Dios.

3. Un conocimiento justo del propio carácter es indispensable para ser útil.

Si una persona tiene que ir dando vueltas constantemente a la pregunta "¿Soy cristiano?"; si tiene que estar continuamente ansioso mirando a su propio estado, y dudando de dónde se encuentra, esto es, un obstáculo a su utilidad. Si cuando habla a los pecadores no está seguro de si él no es también uno de ellos, no puede exhortarlos con la confianza y simplicidad que podría si supiera que tiene sus pies en la roca. Es una idea predilecta de algunos que es mejor que los santos se hallen siempre a oscuras respecto a esto, para que sean humildes. Esto es como si el ser hijo de Dios hubiera sido calculado para hacerle orgulloso. Una de las consideraciones de más peso en el universo para impedirle deshonrar a Dios es saber que es un hijo de Dios. Cuando una persona está en un estado de ansiedad en su mente, sólo puede tener poca fe, y su utilidad no puede ser mucha hasta que he resuelto esta cuestión.

III. Lo práctico de este requerimiento.

Es una idea predilecta de algunos que esta pregunta no puede ser contestada con certeza en el mundo. Es asombroso el número de personas que hay, que parecen hacer una virtud de las grandes dudas que tienen siempre respecto a si son cristianos. Durante centenares de años se ha considerado por muchos como una circunstancia sospechosa el que uno que profesa religión no estuviera lleno de dudas. Muchos lo consideran casi como un signo cierto de que esta persona no sabe nada de su propio corazón. Una de las preguntas que se ha hecho a los candidatos a la admisión en la iglesia de modo general ha sido: "¿Tienes algunas dudas de tu buen estado?" Y si el candidato contesta: "Oh, sí tengo grandes dudas", todo va bien, y se toma como evidencia de que es espiritual, y que conoce a fondo su propio corazón y tiene un alto grado de humildad. Pero si no tiene dudas, se toma como evidencia de que conoce poco su propio corazón y que es muy probable que sea un hipócrita. En contra de esto, yo sostengo que el deber que se nos manda en este texto es un deber practicable, y que los cristianos pueden someterse a esta prueba, y saber por ellos mismos, y tener una seguridad satisfactoria de su verdadero carácter.

1. Esto es evidente por la orden del texto: "Examinaos a vosotros mismos para ver si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos." ¿Va a creer alguien que Dios requiere que nos examinemos y nos probemos a nosotros mismos, y veamos cuál es nuestro verdadero carácter, cuando sabe que es imposible que lo sepamos?

2. Tenemos el mejor medio de prueba posible, para probarnos a nosotros mismos y conocer nuestro carácter, y este medio es la consciencia, o sea, el conocimiento que tenemos de nuestras propias vivencias.

La consciencia nos da la mayor certeza posible en cuanto a los hechos por los cuales ha de ser determinado nuestro carácter, y la gran pregunta puede ser contestada. ¿Cuál es nuestro estado ante Dios? Podemos tener y deberíamos tener la misma clase de evidencia de nuestro estado ante Dios que tenemos de nuestra existencia; y ésta es, la consciencia. Es más, no podemos por menos que tener la evidencia. La consciencia está constantemente testificando de nuestros estados mentales o vivencias, y sólo es necesario que nosotros tomemos nota de lo que la consciencia testifica, y podemos resolver la cuestión con tanta certeza como podemos hacerlo sobre nuestra existencia.

3. Dios da a los hombres oportunidades constantes de poner en acción Io que está en sus corazones, para que nada pueda impedirnos llegar a una decisión sobre este asunto, de no ser la negligencia.

Si los hombres estuvieran encerrados en calabozos, donde no tuvieran oportunidad de actuar, y no pudieran ser influidos por las circunstancias, y en modo alguno se pudiera desarrollar el estado de su corazón, no se les podría culpar de no conocerse a sí mismos. Pero Dios los ha colocado en circunstancias en que están en esta vida con el propósito, como dijo a los hijos de Israel, de que sean probados, y pueda conocerse lo que hay en sus corazones, y si guardan sus mandamientos o no. Las cosas que nos rodean han de producir una impresión en nuestra mente, y conducirnos a sentir y actuar de alguna forma. Y esto nos proporciona oportunidades de conocimiento propio, en que vemos lo que sentimos y cómo nos inclinamos a actuar en circunstancias tan diversas.

4. Estamos además calificados para probar nuestro propio carácter porque tenemos una regla perfecta con qué probarlo.

La ley de Dios es un criterio verdadero por el que podemos probar nuestro carácter. Sabemos exactamente lo que es, y tenemos por tanto una regla invariable e infalible por la que podemos juzgarnos a nosotros mismos. Podemos traer nuestros sentimientos y acciones a esta regla, y compararlos con este estándar, y saber exactamente cuál es su verdadero carácter a la vista de Dios, pues Dios mismo los prueba por el mismo estándar.

5. Nuestras circunstancias son tales que nada puede conducirnos a engañarnos de no ser el intento insincero de hacerlo.

El individuo que se engaña a sí mismo no es sólo descuidado y negligente, sino también fraudulento, de lo contrario no se engañaría a sí mismo. Ha de tener un alto grado de prejuicio por el orgullo y se ha cegado a sí mismo, pues de lo contrario tendría que saber que no es lo que profesa ser. Las circunstancias que requieren el ejercicio de su mente son tantas y tan variadas que ha de ser una ceguera voluntaria en la que se han inducido a sí mismos si están engañados. Si no tuvieran oportunidades de actuar o si las circunstancias no dieran oportunidad para que se mostraran sus sentimientos podrían ser ignorantes. El que nunca ha visto a un mendigo podría ser incapaz de decir cuáles son sus sentimientos respecto a los mendigos. Pero si le colocamos donde hay mendigos cada día, ha de ser ciego voluntario o insincero si no sabe cuál es la respuesta de su corazón hacia un mendigo.

IV. Voy a mencionar algunas cosas respecto a la manera de ejecutar este deber.

Primero: Negativamente.

1. No se hace esperando que la evidencia venga a nosotros.

Hay muchos que parece que esperan, en una actitud pasiva, a que la evidencia les llegue respecto a si son cristianos o no. Parece que esperan que les lleguen ciertos sentimientos. Quizás oran sobre ello; quizás oran sinceramente, y luego que venga el sentimiento que les permitiera tener evidencia satisfactoria de su buen estado. Muchas veces no hacen nada en religión hasta que obtienen esta evidencia, y esperan y siguen esperando, en vana expectativa, de que el Espíritu de Dios vendrá algún día, y les sacará de este pantano, en que permanecen pasivos e inermes. Pueden esperar hasta el día del juicio y nunca aclararán nada.

2. No es por algún intento directo de forzar los sentimientos en un ejercicio que nos dé la evidencia.

La mente humana está constituida de tal forma que nunca sentiremos tratando de sentir. Puedes intentar con tanto ahínco como quieras, a ver si puedes tener un sentimiento particular. Tus esfuerzos para hacer aparecer sentimientos son totalmente inútiles y muy absurdos. No hay duda en este momento delante de la mente que pueda producir la emoción o sentimiento. El sentimiento ha de ser despertado en el alma por el hecho que la mente se fije en algún objeto apropiado para producir sentimientos. Pero cuando la mente está fija, no sobre el objeto, sino en un intento directo de producir el sentimiento éste no aparecerá. Es imposible. La atención tiene que ser absorbida por un objeto capaz de producir sentimiento, o éste no aparecerá. Puedes cerrar los ojos y esperar ver, o hacerlo en un cuarto oscuro. En un cuarto oscuro no hay ningún objeto capaz de estimular la vista, y cualquier esfuerzo para ver es inútil. Cuando la atención de la mente está dirigida hacia dentro, e intenta examinar la naturaleza de la emoción presente, esta emoción deja de existir al instante, porque la atención ya no está fija en el objeto que causa la emoción. Pongo mi mano delante de esta lámpara, y proyecta una sombra; pero si quito la lámpara, no hay sombra; ha de haber luz para que se produzca una sombra. Lo mismo por lo que se refiere a la mente que se aparta del objeto que despierta la emoción; ésta deja de existir. La mente debe estar fija en el objeto, no en la emoción, o no habrá emoción y por consiguiente no habrá evidencia.

3. Nunca conseguirás evidencia pasando el tiempo lamentándote por el estado de tu corazón.

Algunos pasan el tiempo en gemidos y quejas. "Oh, no siento nada, mi corazón es tan duro." ¿Qué estás haciendo? Nada, sino gemir y llorar porque no sientes. ¡Quizá tratan de esforzarse para poder sentir! Esto no tiene sentido. Es como intentar volar. Mientras se quejan y gimen y piensan en Io duro de su corazón, no hacen nada, y el demonio se divierte. Supongamos que un hombre se aparta del fuego y luego se queja que tiene frío; sus mismos hijos se van a reír de él. Si se aparta del medio de calor, ¿cómo no va a helarse? Y todas las quejas y lamentaciones no van tampoco a ser útiles.

Segundo: Positivamente. ¿Qué hemos de hacer para cumplir este deber?

Si quieres probar el verdadero estado de tu corazón con respecto a cualquier objeto, debes fijar tu atención en este objeto. Si deseas probar el poder o acuidad de la vista debes aplicar esta facultad al objeto y luego probar el estado de esta facultad. Te colocas entre objetos para probar tu vista; y entre sonidos por probar tu oído. Y cuanto más cierras los otros sentidos para que los objetos no los estimulen, más perfectamente probarás la agudeza de tu visión o la perfección de tu oído. Hay muchas cosas que pueden distraer al corazón. Cuando prestamos atención a un objeto calculado para despertar sentimiento, es imposible no sentirlo. La mente está constituida de tal forma que no puede evitar el sentir. No es necesario pararse y preguntarse "¿Siento el calor?" Ya lo sabes, porque lo sientes. Si pasas la mano rápidamente delante de un foco de calor la sensación puede ser muy ligera, casi imperceptible, pero si prestas atención la notarás. Cuando la impresión es liviana requiere mayor esfuerzo de atención el percibirla. Lo mismo los sentimientos fugaces en la mente pueden ser tan ligeros que casi no ocupen nuestro pensamiento y así nos pasan inadvertidos, pero no por esto son menos reales. Pero pon la mano un minuto junto a la lámpara ardiendo, y la sensación se impondrá por encima de otras ocupaciones. Si la mente está fija en un objeto capaz de estimular emociones de alguna clase, es imposible no sentir las emociones en algún grado; y si la mente está en estado de máxima atención, es imposible no sentir las emociones en un grado tal que nos demos cuenta de que existen. Estos principios nos mostrarán cómo hemos de hacer la prueba de nuestro carácter, y saber el estado real de nuestros sentimientos hacia cualquier objeto. Es fijando la atención en un objeto hasta que nuestras emociones están estimuladas y se hacen conscientes.

Voy a especificar otra cosa que hemos de recordar. Asegúrate de que las cosas en las cuales enfocas tu mente y sobre las cuales deseas poner a prueba el estado de tu corazón sean realidades.

Hay gran cantidad de religión imaginaria en el mundo, que las personas afectadas toman equivocadamente por real. Tienen grandes sentimientos, sus mentes están muy entusiasmadas y el sentimiento corresponde al objeto contemplado. Pero aquí está la causa del engaño: el objeto es imaginario. No es que el sentimiento sea falso o imaginario. El sentimiento es real. No es que el sentimiento no corresponda al objeto ante la mente. Corresponde a él perfectamente. Pero el objeto es una ficción. El individuo se ha formado una noción de Dios o de Jesucristo, o de la salvación, que está por completo fuera de la verdad, y sus sentimientos ante estas imaginaciones son los mismos que serían producidos por los objetos verdaderos, si su religión fuera verdadera, por lo cual se engañan. Aquí hay indudablemente la mayor fuente de esperanzas y profesiones de fe falsas en el mundo.

V. Voy ahora a especificar las pocas cosas en las cuales es tu deber probar el estado de tu mente.

1. Pecado: no tú pecado en particular, sino pecado en general, como un ultraje cometido contra Dios.

No tienes que suponer que llegaras a conocer el verdadero estado de tu corazón meramente descubriendo en tu mente un fuerte sentimiento de desaprobación del pecado. Esto pertenece a la naturaleza de un ser inteligente como tal. Todos los seres inteligentes sienten desaprobación del pecado, cuando se le considera de modo abstracto, y sin referencia alguna a la propia satisfacción egoísta. El demonio, sin duda, lo siente. El demonio no siente más aprobación por el pecado, cuando se le considera de modo abstracto, que Gabriel. El culpa a los pecadores y condena su conducta, y siempre que no tiene motivos egoístas para complacerse por lo que hacen, aborrece el pecado. En los mismos malvados en la tierra puedes hallar un aborrecimiento intenso al pecado. No hay hombre en la tierra que no condene y aborrezca el pecado en abstracto. La mente está constituida así: el pecado es de modo universal y natural aborrecido por necesidad por la razón y la conciencia rectas. Todo poder de la mente se rebela ante el pecado. El hombre se complace en los que cometen iniquidades sólo cuando tiene alguna razón egoísta para desear que las cometan. No hay ningún ser racional que apruebe el pecado como pecado.

Pero hay una gran diferencia entre la desaprobación del pecado, como algo abstracto, y el detestarlo de corazón y oponerse al mismo, fundados éstos en el amor a Dios. Voy a ilustrar la idea. Una cosa es que un joven vea que cierto acto es malo, y algo más el que Io considere como un ultraje contra su padre. Aquí hay algo más añadido al primer sentimiento. No sólo la indignación contra lo malo, sino su amor al padre que produce un sentimiento especial de agravio. Así, el individuo que ama al Padre siente no sólo una fuerte desaprobación del pecado, como algo malo, sino también un sentimiento de agravio mezclado con indignación cuando lo considera cometido contra Dios.

Si quieres saber cuál es tu sentimiento contra el pecado, pregúntate, pues, ¿cuáles son tus sentimientos cuando te mueves entre pecadores y ves que infringen la ley de Dios? Cuando oyes que blasfeman, o quebrantan el día del Señor, o se emborrachan, ¿cuáles son tus sentimientos? Sientes como el salmista cuando escribió: "Contemplé a los transgresores, y me afligí, porque no guardaban tu palabra." Así que dice: "Ríos de aguas corrieron de mis ojos, porque no guardaban tu ley." Y otra vez: "Horror se ha apoderado de mí, porque los malos han abandonado tu ley."

2. Tienes que poner a prueba el estado de tu corazón respecto a tus pecados.

Mira hacia atrás, a tus pecados pasados, recuerda tu conducta de otros tiempos, y ve si de un modo claro la condenas y la aborreces, y sientes lo que sentiría un niño afectuoso cuando trata de recordar que ha desobedecido a su padre. Es posible sentir una fuerte convicción de pecado respecto a una conducta anterior propia que fue delictiva o pecaminosa. Pero lo que es importante es si este sentimiento se acompaña de las emociones de aflicción y pena, por haber desobedecido a Dios. Probablemente hay pocos cristianos que no hayan mirado a su antigua conducta respecto a sus propios padres con viva emoción y han pensado en el padre afectuoso o la madre amorosa a la que han desobedecido y lastimado; y que han sentido además un sentido de desaprobación de su conducta, y de profunda emoción de pena, que los inclinaba a llorar y aun los ha forzado a verter lágrimas. Pues bien, esto es el verdadero arrepentimiento respecto a los padres. Y el arrepentimiento hacia Dios es lo mismo si es genuino, y corresponderá en grado a la intensidad de la atención con la cual la mente se fija en el objeto.

3. Quieres poner a prueba tus sentimientos respecto a los pecadores impenitentes.

Luego ve a ellos, y ten tratos con ellos, hablando sobre el tema de sus almas, advirtiéndoles, de lo que dicen y de lo que sienten, ponte al corriente del estado real de sus corazones, y luego sabrás lo que sientes tú hacia los impenitentes. No te encierres en tu cuarto y trates de imaginarte a un pecador impenitente. Puedes traer a tu mente un cuadro que afecte tus simpatías y que te haga llorar y orar. Nada de eso. Pon tu corazón en contacto con la realidad viva del pecador, razona con él, exhórtalo, ve sus preocupaciones, su obstinación, su insinceridad, ora con él si puedes. No puedes hacer esto sin despertar emociones en tu mente, y si eres un cristiano, despertarás en ti emociones mezcladas de pena, compasión e indignación, como siente Jesucristo, y no te quedará lugar para la duda respecto al estado de tu corazón sobre este punto. Pon tu mente en contacto con los pecadores, y mantenla ahí, y presta atención a lo que sientes.

4. Quieres probar el estado de tu mente hacia Dios.

Concentra tus pensamientos directamente en Dios. Y no lo hagas según la imaginación de tu propio corazón insensato, sino toma la Biblia y aprende en ella lo que es la verdadera idea de Dios. No te imagines su forma, ni apariencia, ni su aspecto, sino pon tu mente en la descripción de la Biblia a lo que siente y hace y dice, y no puedes menos que sentir. Aquí hallarás el estado real de tu corazón. Es más, esto constituirá el estado real de tu corazón, sobre el cual no puedes confundirte.

5. Pon a prueba tus sentimientos respecto a Cristo.

Tienes que saber si amas al Señor Jesucristo o no. Repasa las circunstancias de su vida, y ve si aparecen como realidades en tu mente, sus milagros, sus sufrimientos, su noble carácter, su muerte, su resurrección, su ascensión, su intercesión ahora a la diestra del trono de Dios. ¿Crees en estas cosas? ¿Están estas realidades en tu mente? ¿Cuáles son tus sentimientos a la vista de ellas? Cuando piensas en su buena voluntad para salvar, su muerte expiatoria, su poder, si todas estas cosas son realidades para ti, tendrás sentimientos de los que serás consciente, y respecto a los cuales no será posible que te confundas.

6. ¿Cuáles son tus sentimientos respecto a los santos?

Si quieres poner a prueba tu corazón respecto a este punto, si amas a los santos, nos dejes que tus pensamientos vayan a parar a los extremos de la tierra, sino deja que tu mente se concentre en los que tienes cerca y ve si lo amas, si deseas su santificación, si realmente quieres que crezcan en la gracia, si puedes llevarlos en tu corazón al trono de la gracia, y pedir a Dios que les bendiga.

7. Lo mismo respecto a los avivamientos.

Si quieres saber el estado de tus sentimientos respecto a los avivamientos, lee sobre ellos, piensa en ellos, fija tu mente en ellos, y no puedes por menos que tener sentimientos que te darán evidencia del estado de tu corazón. Lo mismo se puede decir de los paganos, de los esclavos, de los viciosos, de la Biblia, de cualquier objeto de consideración piadosa. El único modo de conocer el estado de tu corazón es concentrar tu mente en la realidad de estas cosas, hasta que sientas tan intensamente que no haya error posible respecto a la naturaleza de tus sentimientos.

Si hallas alguna dificultad en conseguir que alguno de estos puntos produzca sentimientos, es debido a una de dos razones, o bien que tu mente está absorbida por otros aspectos de la religión, de modo que no te permite concentrarte propiamente en el punto especifico, o que tus pensamientos divagan errabundos por todas partes. Lo primero ocurre a veces, y he conocido algunos cristianos que estaban muy afligidos porque no sentían tan intensamente como creían que debían, sobre algunos puntos. Pongamos por ejemplo, sus propios pecados. La mente de una persona puede estar tan absorbida por la ansiedad, el trabajo y la oración por los pecadores, que se requiere un esfuerzo para pensar bastante sobre el contenido de su propia alma para sentir profundamente, y cuando se pone de rodillas para orar por sus propios pecados, este pecador, con quien la persona había estado hablando antes, se presenta vivamente en su mente, de tal forma que ella apenas puede orar por sí misma. Esto no debe ser considerado en contra de la persona: la razón por la cual no se siente sobre un punto de la religión es porque los sentimientos están absorbidos por otro, de igual importancia. Pero si tus pensamientos vagan por todas partes, y ésta es la razón por no sentir con bastante intensidad cuál es tu verdadero carácter, si tu mente no se concentra en la Biblia y se fija en algún objeto de sentimiento religioso, ten cuidado de ti mismo y endereza tus pensamientos con mano firme, hasta que sientas. La persona tiene control de sus pensamientos: Dios ha puesto el control de la mente en su mano. Y de esta manera, tienes control de tus sentimientos, fijando tu atención en el objeto sobre el cual quieres sentir. Concéntrate de modo resuelto, decidido, sobre este punto, y torrentes de sentimiento brotarán de tu mente, y conocerás cuál es el estado de tu corazón y entenderás tu carácter real a la vista de Dios.

 Conclusión

1. La actividad en la religión es indispensable para el auto examen.

Un individuo no puede conocer nunca el estado verdadero de su corazón a menos que esté activo en los deberes religiosos. Si se encierra en su cuarto, nunca podrá decir cuáles son sus sentimientos respecto a objetos que están fuera, y nunca podrá sentir propiamente hacia ellos, hasta que sale y actúa. ¿Cómo puedo saber cuál es mi sentimiento real hacia los pecadores, sí nunca pongo mi mente en contacto con ellos? Si vas a tu cuarto, y con la imaginación te haces sentir sobre ellos, no haces más que engañarte, pues no has producido un sentimiento verdadero, real. Si quieres poner a prueba la realidad de tus sentimientos hacia los pecadores sal y advierte a los pecadores y luego podrás tener la realidad de tus sentimientos manifestada.

2. A menos que una persona ponga a prueba su corazón por la realidad de las cosas, éstas estarán constantemente sometidas a ilusión, y le engañarán del todo.

Supón un individuo que se encierra en un claustro, aparte de la realidad del mundo, viviendo en un mundo de su imaginación. Pasa a ser una criatura perfecta de imaginación. Lo mismo ocurre en la religión con los que no ponen sus mentes en contacto con la realidad. Estas personas creen que aman a la humanidad, pero no les hacen ningún bien. Se imaginan que aborrecen el pecado y no hacen nada para destruirlo. Cuántas personas se engañan a sí mismas por un entusiasmo de la imaginación ejercida, por ejemplo, sobre las misiones; cuán común es que haya personas que ponen una gran cantidad de sentimiento, y celebran reuniones de oración por las misiones, pero realmente no hacen nada por salvar almas. Una mujer puede pasar todo el día yendo de una reunión de oración a otra para orar por la conversión del mundo, mientras que su marido impenitente está con ella en la cocina y no le dice una palabra dirigida a salvar su alma en todo el día o quizá todo el mes. Hay gente que se levantan en reuniones públicas y hablan de su sentimiento por los paganos y no hacen el menor esfuerzo directo para salvar a los pecadores que les rodean. Este es el resultado de la imaginación. No hay realidad en esta religión. Si tuvieran amor real por Dios, amor al as almas y piedad real, los cuadros remotos de los paganos pintados por la imaginación no crearían más sentimiento en ellos que la realidad que les rodea.

No sirve decir que esto es porque su atención no está vuelta hacia los pecadores que les rodean. Oyen proferir blasfemias, y ven que se quebranta el día de reposo y otros vicios, y la realidad desnuda está delante de sus ojos, día tras día. Y si esto no les produce sentimiento, es vano hacer ver que sienten lo que Dios requiere respecto a los pecadores de países paganos o donde sea. Es más, si se toma a estos individuos ahora tan llenos de sentimiento por los paganos --transportándolos a las Islas de los Amigos, o a cualquier otro sitio, fuera de su imaginación, y en medio de la cruda realidad del paganismo, todo este sentimiento profundo ha desaparecido. Pueden escribir cartas llenas de las abominaciones de los paganos, y cosas así, pero sus sentimientos respecto a su salvación han desaparecido. Se puede oír hablar sobre los paganos a gente que nunca han convertido a un alma en casa; no cabe duda que todo esto es imaginación. Si no estimulan y fomentan los avivamientos en casa, donde entienden el lenguaje y tienen acceso directo a sus vecinos, mucho menos se puede contar con que harían algo de obra real para la religión en territorio pagano. Las iglesias tendrían que entender esto, y pensar en ello cuando seleccionan hombres para las misiones extranjeras. Tienen que saber que si la realidad desnuda en caso no estimula a la persona para la acción, el diablo se va a reír de lo que harán un millón de estos misioneros.

El mismo engaño se manifiesta con respecto a los avivamientos. Hay individuos que son muy amigos de los avivamientos. Pero nótese bien, siempre son amigos de los avivamientos en tiempos pasados, los avivamientos en abstracto, o remotos, o futuros. Pero respecto a los avivamientos presentes, siempre se les encuentra reservados y dudosos. Pueden leer de avivamientos de los días de Presidente Edwards, o en Escocia, o el País de Gales, y se entusiasman extraordinariamente y se deleitan. Pueden orar: "Señor, aviva tu obra; Oh, Señor, danos estos avivamientos, un nuevo pentecostés, en que se conviertan millares en un día." Pero ponerlos en la realidad de las cosas, y nunca hay un avivamiento que despierte en ellos el menor interés, o les complazca. Son amigos de las ficciones imaginarias de su mente; pueden crear un estado de cosas que estimule sus sentimientos pero la realidad cruda no les pone en una actitud de cooperación y de ayuda real en el avivamiento.

En los días de nuestro Señor, la gente decía que aborrecían los hechos de aquellos que habían perseguido a los profetas, y sin duda lo creían. Decían: "Si hubiéramos estado en los días de nuestros padres no habríamos sido partícipes con ellos del derramamiento de la sangre de los profetas." No hay duda que se maravillaban de que se hubieran hecho aquellas cosas. Nunca habían visto un profeta; les movía la imaginación, simplemente. Y tan pronto como apareció el Señor Jesucristo, el mayor de los profetas, en el cual se centran todas las profecías, le rechazaron y finalmente le dieron muerte, con tanta crueldad como habían mostrado sus padres cuando habían dado muerte a un profeta. "Llenad la medida de vuestros padres --les decía nuestro Salvador--, que sobre vosotros pueda venir toda la sangre justa derramada sobre la tierra."

La humanidad siempre se ha enamorado de los productos de la imaginación, desde todos los tiempos, y ha tropezado con ellos y dado de cabeza en el infierno. Mirad a los Universalistas. Se imaginan que Dios va a salvar a todo el mundo, en todos los casos, y que habrá un cielo que acomodará a todos; y luego que aman a este dios que han hecho, y el cielo que se han imaginado, y quizá lloran de amor. Sus sentimientos son a veces profundos, pero son ilusorios, porque son excitados por la imaginación y no por la verdad.

3. Cuanto más sale un individuo de sí mismo y hace cosas que no le pertenecen a él, el tema de su pensamiento, más piedad tendrá, y más se evidenciará esta piedad.

La religión consiste en amor, en el sentimiento recto y en hacer lo recto, o sea lo bueno. Si por tanto deseas tener mucha piedad, no pienses que vas a tenerla cultivándola en formas que no hagan crecer esta piedad; esto es, retirándote a un claustro y apartándote de todo contacto con la humanidad. Si el Señor Jesucristo hubiera considerado que estas circunstancias eran favorables para la piedad, nos habría dicho que lo hiciéramos. Pero El no pensaba así. Por tanto, planeó nuestras circunstancias tal como son, de modo que su pueblo pueda tener mil oportunidades de ejercer benevolencia, de hacer bien. Y si salimos de nosotros mismos y volvemos nuestro corazón a estas cosas, no podemos por menos de crecer en la piedad y tener evidencia de que crece de modo satisfactorio.

4. Es sólo en el aspecto del auto examen que podemos encerrarnos sistemáticamente en nuestro cuarto para ejecutar nuestro deber; esto es, cuando queremos mirar hacia atrás y examinar con calma los motivos de nuestra pasada conducta. En estos casos es con frecuencia necesario abstraer nuestros pensamientos y mantener otras cosas fuera de nuestra mente para volver la mente hacia las cosas que hemos hecho y los motivos por los que hemos obrado. Para hacer esto de modo efectivo es necesario, con frecuencia, recurrir al retiro, al ayuno y la oración. A veces es imposible despertar recuerdos vivos de Io que deseamos examinar sin recurrir a las leyes de la asociación que vengan a ayudarnos. Intentamos recordar escenas pasadas, y todo parece confuso y a oscuras, hasta que damos con una idea asociada y gradualmente nos presenta la cosa fresca y reciente delante. Supongamos que se me llama como testigo en el tribunal respecto a una transacción. Con frecuencia puedo conseguir un recuerdo vivo de lo que ocurrió sólo yendo al lugar y entonces se aparecen todas las circunstancias como si hubiera ocurrido ayer. Y así hallamos que ocurre con respecto al examen de alguna parte de nuestra propia vida, que no va a venir por más que nos encerremos en nosotros mismos, ni meditando, ni orando, ni ayunando hasta que nos pongamos en algunas circunstancias que despierten las ideas asociadas y con ellas los sentimientos que previamente habíamos tenido.

Supongamos a un ministro que desea recordar y considerar sus sentimientos y el espíritu con que había predicado hacía años. Desea saber cuánta piedad real había en sus labores. Puede conseguir mucho en su cuarto de rodillas, por medio de la ayuda de la fuerte influencia del Espíritu de Dios. Pero obtendrá un resultado mucho más efectivo yendo al lugar y predicando allí otra vez. La actitud exacta que había en su mente puede reaparecer y estar delante de su mente como una firme realidad.

5. Al examinarte a ti mismo has de tener cuidado en evitar el esperar hallar todas las gracias del cristiano en ejercicio en tu mente al instante.

Esto es contrario a la naturaleza de la mente. Tienes que darte por satisfecho si hallas que la actividad de tu mente es recta, sobre el tema que estás considerando. Si tienes sentimientos inapropiados en aquel momento, esto es otra cosa. Pero si hallas que las emociones en aquel momento son las debidas, no saques una inferencia equivocada porque no encuentras alguna emoción recta que tú esperabas estuviera presente. La mente está constituida de tal forma que sólo puede tener una serie de emociones al mismo tiempo.

6. De esto se puede comprender por qué las personas, con frecuencia, no sienten más de lo que sienten.

Siguen un curso que no es apropiado para producir sentimiento. Sienten, pero no sobre lo apropiado. La humanidad siempre siente sobre algunos puntos; y la razón por la que no sienten más profundamente sobre temas religiosos es porque su atención no está profundamente fija en estos temas.

7. Aquí se ve la razón por la que hay una diversidad tan extraña en las actividades de los cristianos reales.

Hay cristianos cuyos sentimientos, cuando tienen sentimientos, son siempre de carácter alegre y contento. Hay otros cuyos sentimientos son siempre tristes y deprimentes. Los hay que están constantemente agonizando por los pecadores. La razón es que sus pensamientos están dirigidos a objetos diferentes. Una clase está siempre pensando en objetos que les hacen sentir felices; otros piensan en el estado de la iglesia, en el estado de los pecadores, y esto pesa sobre ellos como una carga, como si hubiera una montaña sobre sus hombros. Ambos son religiosos, los sentimientos son rectos, considerando los objetos que embargan su atención. El apóstol Pablo sentía continuamente aflicción en su espíritu a consecuencia de sus hermanos. No hay duda que estaba bien. El caso de sus hermanos que habían rechazado al Salvador pesaba tanto en su pensamiento, la ira terrible que se atraían sobre ellos mismos, la sentencia que colgaba sobre su cabeza, estaba constantemente en su mente, ¿cómo podía dejar de sentir pesar?

8. Obsérvese la influencia de estas dos clases de sentimiento en la utilidad de los individuos.

Si consideramos a un cristiano muy gozoso y feliz, veremos que generalmente no es un cristiano muy útil. Por lo común, éstos se están deleitando en lo dulce de la religión, pero no hacen mucho. Se hallan ministros que predican mucho sobre estos temas, y hacen a sus piadosos oyentes muy felices en Io religioso, pero estos ministros raramente son instrumentos para la conversión de muchos pecadores, por más que sean un refrigerio y edifiquen a los santos. Por otro lado, hallamos a hombres que están profundamente saturados de agonía en el alma, considerando el estado de los pecadores, y éstos son instrumentos en la conversión de otros. La razón es evidente. Los dos predican la verdad, los dos predican el evangelio, en diferentes proporciones, y los sentimientos que despiertan corresponden a los puntos de vista desde los que predican. La diferencia es que el uno corrobora a los santos y el otro convierte a los pecadores.

Se pueden ver una clase de personas que profesan religión que siempre están contentos y que son agradables y amables como compañeros, pero que raramente se ocupan de arrancar a los pecadores del fuego. Hallamos a otros que están agonizando por los pecadores, considerando su estado, y suspirando por convertir sus almas. En vez de gozar de antemano el cielo ya en la tierra, simpatizan con el Hijo de Dios cuando estaba en la tierra y gimen en su espíritu pasando toda la noche en oración.

9. El verdadero espíritu de avivamiento es un espíritu de deseo agonizante y oración por los pecadores.

10. Aquí se ve cómo se explican tus propios sentimientos en ocasiones diferentes.

Las personas se preguntan a veces por qué sienten lo que sienten, La respuesta es clara. Sienten así porque piensan así. Si diriges tu atención a ciertos objetos tendrás los sentimientos que son producidos por estos pensamientos.

11. Se ve también por qué los sentimientos de algunas personas son tan cambiables.

Hay muchos cuyos sentimientos están siempre cambiando y son variables. Es porque sus pensamientos no están fijos. Si prestaran atención y fijaran sus pensamientos, sus sentimientos serían regulados.

12. Se ve la manera de engendrar cualquier estado de felicidad deseado en tu mente, y como engendrar algún estado deseado en los sentimientos de otros.

Pon tus pensamientos en un tema que sea apropiado para producir estos sentimientos y limítate a ellos, y los sentimientos se producirán sin fallo.

13. Hay multitudes de personas piadosas que deshonran a la religión con sus dudas.

Están perpetuamente hablando de sus dudas, y llegan a la conclusión precipitada de que no tienen religión. En tanto que, si, en vez de fomentar y permanecer en sus dudas pusieran su mente sobre otros temas, en Cristo por ejemplo, y salieran a buscar pecadores, y trataran de llevarlos al arrepentimiento, se puede afirmar que sus sentimientos serían rectos, y se disiparían sus dudas.

Recuerda que no tienes que esperar a tener los sentimientos adecuados para hacerlo. Quizás algunas de las cosas que he dicho no han sido entendidas propiamente. No se saque la inferencia que hay que permanecer quieto y no hacer nada hasta que se está convencido de que se siente lo que se debe. Ponte en las circunstancias que te harán sentir de modo apropiado y ponte a trabajar. Por una parte, el ajetreo y trajín sin sentimientos no sirve para nada, y por otra, el encerrarse en el cuarto y esperar a que vengan los sentimientos tampoco sirve de nada. Tienes que entrar en actividad y permanecer activo. De otro modo nunca vas a tener los sentimientos apropiados. Y luego mantén tu mente constantemente bajo la influencia de los objetos que son apropiados para crear y mantener vivos los sentimientos cristianos.

 

 
 
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