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Sermón - Amor
Sermones Charles G. Finney
Domingo, 01 de Julio de 2012 22:34
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AMOR

Por Charles G. Finney


"El amor no hace mal al prójimo;

así que la plenitud de la ley es el amor." (Romanos 13:10).

 

Al hablar de estas palabras intento:

I. Hacer algunos comentarios sobre la naturaleza del amor.

II. Mostrar que el amor es el todo de la religión.

III. Algunas cosas que no son esenciales para el amor perfecto.

IV. Algunas cosas que son esenciales.

V. Algunos efectos del amor perfecto.

 

I. Voy a hacer algunos comentarios sobre la naturaleza del amor.

1. El primero que voy a hacer es que el amor puede existir en varias formas.

Las dos principales, por lo que afecta a la religión son la benevolencia y la complacencia. La benevolencia es un afecto de la mente o un acto de la voluntad. Es el desear bien o el desear aumentar la felicidad de su objeto. La complacencia es estimación, aprobación del carácter de su objeto. La benevolencia debe ser ejercida hacia todos los seres, al margen de su carácter moral. La complacencia es debida sólo a los buenos y santos.

2. El amor puede existir o bien como afecto o como una emoción.

Cuando el amor es un afecto, es voluntario y consiste en un acto de la voluntad. Cuando es una emoción, es involuntario. Lo que Llamamos sentimientos, o emociones, son involuntarios. No dependen directamente de la voluntad, ni son controlados por un acto directo de la voluntad. La virtud del amor es mayor cuando se manifiesta en forma de afecto. La felicidad del amor es mayor cuando se manifiesta en forma de emoción. Si el afecto del amor es fuerte produce un grado elevado de felicidad, pero la emoción del amor santo es la misma felicidad.

Dije que la emoción del amor es involuntaria. No quiero decir que la voluntad no tenga nada que ver con ella, sino que no es el resultado de un acto mero o directo de la voluntad. Nadie puede ejercer la emoción del amor meramente por desearlo. Y la emoción puede existir a pesar de la voluntad. Los individuos a veces sienten que la emoción se levanta en su mente, que saben que es impropia y tratan con esfuerzos directos de la voluntad de eliminarla de su mente; y hallando que es imposible, llegan a la conclusión de que no hay control de estas emociones. Pero puede haber control por parte de la voluntad de una manera indirecta. La mente puede hacer aparecer toda clase de emociones que desee dirigiendo suficientemente la atención hacia el objeto apropiado. Habrá una aparición proporcional a la intensidad con que se fije la atención, asumiendo que la voluntad es recta con respecto al objeto de atención. Lo mismo con respecto a las emociones que son impropias o desagradables; la mente puede desembarazarse de ellas, dirigiendo la atención enteramente hacia otro objeto, y no consintiendo que los pensamientos permanezcan en aquél.

3. Corrientemente las emociones del amor hacia Dios son experimentadas cuando ejercemos amor hacia El en forma de afecto.

Pero no siempre es éste el caso. Podemos ejercer buena voluntad hacia un objeto y, con todo, a veces, no notamos una sensación de amor. No es cierto que incluso el Señor Jesucristo ejerció el amor hacia Dios en forma de emoción en todo momento. Por lo que podemos saber de la naturaleza de nuestra mente, sabemos que una persona puede ejercer afecto, y ser guiada y gobernada por él, constantemente, en todas sus acciones, sin sentir ninguna emoción de amor hacia este objeto en aquel momento. Así, un marido y un padre pueden estar ocupados todo el día para el beneficio de su familia, y tener su misma vida controlada por el afecto hacia ellos, mientras sus pensamientos no están ocupados sobre ellos en forma que le hagan sentir alguna emoción sensible de amor por ellos durante este tiempo. Las cosas sobre las cuales está ocupado pueden absorberle de tal modo que su mente apenas tiene un pensamiento para ellos, y por tanto no puede sentir emoción hacia ellos, y con todo está gobernado en todo momento por el afecto que les tiene. Obsérvese aquí que uso el término afecto, en el sentido que lo usa Presidente Edwards, al explicarnos esto en su célebre Tratado de la Voluntad. Un afecto en este tratado es un acto de la voluntad o volición.

4. El amor al prójimo implica, naturalmente, la existencia del amor a Dios, y el amor a Dios implica, naturalmente, el amor al prójimo.

Lo mismo se declara en el versículo ocho. "No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo ha cumplido la ley." Porque lo de: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta máxima se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Aquí se da por sentado que el amor a nuestro prójimo implica la existencia del amor a Dios, de otro modo no podría decir: "EI que ama al prójimo ha cumplido la ley." El apóstol Santiago reconoce el mismo principio cuando dice: "Si en verdad cumplís la ley regia, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis" (Santiago 2:8). Aquí el amor al prójimo se dice que constituye obediencia a toda la ley. La benevolencia, esto es, la buena voluntad hacia el prójimo, naturalmente implica el amor a Dios. Es amor a la felicidad de ser. Así que el amor de complacencia hacia los seres santos naturalmente implica amor a Dios, como ser de infinita santidad.

II. Voy a mostrar que el amor es el todo de la religión.

En otras palabras, todo lo que se requiere del hombre por Dios consiste en amor, en varias modificaciones y resultados. El amor es la suma total de todos.

1. La primera prueba que ofreceré es que el sentimiento es enseñado en el texto y en muchos otros pasajes de la Escritura.

Las Escrituras enseñan claramente que el amor es la suma total de todos los requerimientos, tanto de la ley como del evangelio. Nuestro Salvador declara que el gran mandamiento: "Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, alma, mente y fuerza y a tu prójimo como a ti mismo" es la suma total de la ley y los profetas o implica e incluye todo lo que requieren las Escrituras, la ley y el evangelio.

2. Dios es amor, y el amor es ser como Dios, y ser perfecto en amor es ser perfecto como Dios es perfecto.

Todos los atributos morales de Dios consisten en amor, obrando bajo ciertas circunstancias y ciertos objetivos. La justicia de Dios al castigar a los malos, su ira contra el pecado, y otros, son sólo ejercicio de su amor a la felicidad general de su reino. Lo mismo en el hombre. Todo lo que es bueno en el hombre es alguna modificación del amor. El odio al pecado es sólo amor a la virtud que actúa oponiéndose a lo que se opone a su vez a la virtud. Lo mismo la fe implica e incluye el amor, y la fe que no tiene amor en sí, o no obra por amor, no es parte de la religión. La fe que pertenece a la religión es una confianza afectuosa en Dios. Hay una clase de fe en Dios que no tiene amor. El diablo tiene esta clase de fe. El pecador convicto la tiene. Pero no hay religión en ella. La fe podría levantarse incluso a la fe de los milagros, y con todo, no hay amor en ella, y no cuenta para nada. El apóstol Pablo en el capítulo trece de Corintios dice: "Aunque tuviese el don de profecía y entendiese todos los misterios y toda ciencias, y si tuviese tanta fe como para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy."

Lo mismo ocurre con el arrepentimiento. El arrepentimiento que no incluye el amor no es "arrepentimiento hacia Dios". El verdadero arrepentimiento implica obediencia a la ley del amor y una consiguiente oposición al pecado.

III. Voy a mencionar algunas cosas que no son esenciales al perfecto amor.

1. El mayor grado de emoción no es esencial al perfecto amor.

Es manifiesto que el Señor Jesucristo raramente tenía el más alto grado de emoción de amor, y con todo, su amor era siempre perfecto. El generalmente manifestaba poca emoción o entusiasmo. El entusiasmo es siempre proporcionado a la fuerza de las emociones, pues consiste en ellas. El Salvador parecía generalmente calmado de un modo notable. Algunas veces su indignación era grande, o su pena por la dureza de los corazones de los hombres; y algunas veces leemos que se gozaba en el espíritu. Pero comúnmente se hallaba sosegado y no manifestaba un alto grado de emoción. Y es claro que no es esencial para el perfecto amor el que la emoción del amor exista en un alto grado.

2. El perfecto amor no incluye la idea de incremento en el amor o crecimiento en la gracia.

Supongo que el crecimiento de la mente en conocimiento, por toda la eternidad, naturalmente implicará crecimiento en el amor por toda la eternidad. El Señor Jesucristo en su forma humana, creció en estatura y en favor con Dios y con los hombres. Sin duda, cuando niño, creció en conocimiento, y cuando creció en conocimiento, creció en amor hacia Dios, así como en el favor con Dios. Su amor era perfecto cuando era un niño, pero creció cuando se hizo mayor. Como ser humano, probablemente continuó creciendo en amor a Dios en tanto que vivió. Desde un punto de la mente natural vemos que puede ser así con todos los santos en la gloria que su amor aumente por toda la eternidad, y con todo siempre sea perfecto.

3. No es esencial al perfecto amor que el amor sea siempre ejercido hacia todos los individuos de modo igual.

No podemos pensar en todos los individuos en el mismo momento. No es posible incluso pensar en cada individuo que conoce al mismo tiempo. El grado de amor hacia un individuo depende del hecho que este individuo esté presente en los pensamientos.

4. No es esencial al perfecto amor que haya el mismo grado de espíritu de oración para cada individuo o para el mismo individuo en todo momento.

El espíritu de oración no es siempre esencial para un amor puro y perfecto. Los santos del cielo tienen un amor puro y perfecto para todos los seres, pero sabemos que no tienen el espíritu de oración para ninguno. Es posible amar a un individuo en alto grado y con todo no tener el espíritu de oración para él. Esto es, el Espíritu de Dios puede que no te guíe para orar por la salvación de este individuo. No se puede orar por los malos en el infierno. El espíritu de oración depende de las influencias del Espíritu Santo, que guía la mente a la oración por las cosas agradables a la voluntad de Dios. No se puede orar en el Espíritu con el mismo grado de fervor y de fe para toda la humanidad. Jesucristo lo dijo de modo expreso cuando dijo que no oraba por toda la humanidad: "No ruego por el mundo." Aquí ha habido una gran equivocación con respecto al espíritu de oración. Algunos suponen que los cristianos no han hecho todo su deber cuando no han orado con fe para cada individuo, en tanto que es un pecador en la tierra. Luego, Jesucristo tampoco habría hecho su deber porque nunca lo hizo. Dios no ha dicho nunca que quiere salvar a toda la humanidad, y nunca nos ha dado motivos para que Io creamos. ¿Cómo hemos, pues, de orar con fe por la salvación de todos? ¿Sobre qué ha de descansar esta fe?

5. El amor perfecto no es incompatible con los sentimientos de languidez o debilidad constitucional que son una consecuencia inevitable del agotamiento o de la mala salud.

Estamos constituidos de tal forma que la actividad natural agota necesariamente nuestras fuerzas. Pero el amor puede ser perfecto, a pesar de todo. Aunque uno puede sentirse dispuesto a echarse y dormir más que a orar, el amor puede ser perfecto. El Señor Jesucristo a menudo sentía cansancio y agotamiento cuando el espíritu estaba aún dispuesto, pero la carne era débil.

IV. Qué es esencial para el perfecto amor.

I. Implica que no hay nada en la mente incompatible con el amor.

No puede haber odio, malicia, ira, envidia, ni ninguna otra emoción maligna incompatible con el amor puro y perfecto.

2. Que no haya nada en la vida incompatible con el amor.

Todas las acciones, palabras y pensamientos han de estar continuamente bajo el control entero y perfecto del amor.

3. Que el amor de Dios sea supremo.

El amor de Dios sea completamente supremo y tan enteramente por encima de todos los otros objetos que nada pueda compararse a Dios.

4. Que el amor a Dios sea desinteresado.

Dios es amado por Io que es; no por su relación con nosotros, sino por la excelencia de su carácter.

5. Que el amor al prójimo sea igual, esto es, que su interés y felicidad sean considerados por nosotros como de igual valor que los nuestros, y que él y sus intereses sean tratados en consonancia.

V. Voy a mencionar algunos de los efectos del amor perfecto.

I. Un efecto del amor perfecto a Dios y al hombre será, sin duda, que me deleitaré en la abnegación por amor a fomentar los intereses del reino de Dios y la salvación de los pecadores.

Los padres afectuosos se deleitan en negarse cosas a sí mismos con miras a hacer más felices a sus hijos. Pongamos un padre: se entrega a una labor agotadora, sin contar el tiempo, a lo largo de su vida, para poder mantener el bienestar de su familia. Y no lo cuenta como abnegación, ni se queja de que sea una carga, sino que se deleita al hacerlo, porque ama a la familia. La madre desea criar y educar bien a sus hijos. Inmensamente labora para que su hijo pueda adquirir lo que ella espera le hará un futuro más prometedor al hijo. El Señor Jesucristo gozó más satisfacción en realizar la salvación de la humanidad de lo que sus propios santos pueden gozarse en recibir favores de sus manos. Dio testimonio de que era el gozo propuesto delante de él que le hizo sufrir la cruz y despreciar la vergüenza. El apóstol Pablo no contó como aflicción las penalidades que le iban acosando de un sitio a otro, en cárceles, azotado, apedreado, todo por amor del evangelio y para salvar almas. Otros individuos han hecho otras cosas con la misma mentalidad que el apóstol.

2. Libra el alma del poder de los motivos legales.

El amor perfecto conduce a una persona a obedecer a Dios, no porque teme la ira de Dios o espera recibir una recompensa por lo que hace, sino porque ama a Dios y quiere hacer la voluntad de Dios. Hay dos extremos en este punto. Una clase hacen que la virtud consista en hacer lo recto simplemente porque es recto, sin referencia a la voluntad de Dios, o a alguna influencia de Dios. Otra clase hace que la virtud consista en actuar por amor en lo que se hace, pero sin referencia a la autoridad de Dios, como Gobernante y Legislador. Ambos están en el error. El hacer una cosa simplemente porque se cree es recta, y no por amor a Dios no es virtud. Ni es virtud el hacer una cosa porque se ama hacerla, al margen de la voluntad de Dios. Una mujer podría hacer ciertas cosas simplemente porque le gusta hacerlas, sin relación a su marido, no habría virtud en hacerlas, respecto a su marido. Si una persona ama a Dios, tan pronto como se sabe que es la voluntad de Dios, Io hará porque es la voluntad de Dios. El amor perfecto conducirá a una obediencia universal, para hacer la voluntad de Dios en todas las cosas, por el hecho de que es la voluntad de Dios.

3. El individuo que ejerce perfecto amor habrá muerto para el mundo.

Con esto quiero decir que habrá eliminado la posibilidad de la influencia por consideraciones mundanas. El amor perfecto habrá eliminado el egoísmo, pues no habrá más voluntad que el hacer la voluntad de Dios, y no tendrá otro interés aparte de la gloria de Dios. No será influido por el sentimiento público; por lo que otros dicen o piensan. Una mujer enamorada puede, por el afecto al que va a ser su esposo, cortar con todos sus amigos, riquezas, deleites, para juntarse con aquel que ama en el destierro, la desgracia o la pobreza. Su afecto es tan grande que lo hace gozosa, y abandona un palacio para ir a vivir en una cabaña, y con todo es perfectamente feliz. Todo lo que sus amigos y familia hacen para disuadirla no tiene el menor efecto en su mente. Hay un afecto que lo absorbe todo, que ha matado todas las otras influencias que actuaban en ella. No hay más que esta avenida para llegar a su mente, sólo una clase de motivos, y nada más que este afecto.

En lo que se refiere a la filosofía de la mente el amor perfecto a Dios opera de la misma manera. La mente está tan llena del amor perfecto que es imposible separarla de Dios mientras el amor continúa activo. Se puede atar esta persona a la estaca para ser quemada, después de haberla hecho pasar por toda clase de humillaciones y vituperios, pero no deja el amor de Dios y es feliz. Ha muerto para el mundo pero no para Dios.

Quien no ha sido testigo de casos de afecto que se acercan al grado que he descrito, cuando la persona, de hecho, ha muerto para todas las otras cosas y sólo vive para el objeto de su amor. Casos así se han dado en padres que desean morir cuando su hijo muere, o matrimonios en que el esposo o la esposa languidecen y mueren después de haber fallecido el cónyuge. El objeto de amor en el cual estaba absorta el alma ha desaparecido, ¿por qué vivir ya más? Esto se aplica al individuo que está lleno del perfecto amor a Dios, que desea vivir sólo de amor y servir a Dios; que ha muerto para el mundo, para su propia reputación y no desea vivir para nada más que glorificar a Dios, aquí, en el cielo o en cualquier parte del universo.

4. Apenas es necesario decir que el amor perfecto da como resultado un gozo y una paz perfectos.

Quiero volver a lo que dice el apóstol en el capítulo 13 de 1Corintios al hablar del amor. "Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, pero no tengo amor, vengo a ser como bronce que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese tanta fe como para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me sirve." El amor nos da longanimidad bajo la oposición o el daño. Este es uno de los efectos del amor, el aguantar la provocación sin vengarnos o sin injuriar al otro. El amor es tierno y afectuoso en sus relaciones con los otros, no es rudo y no acusa dolor a nadie si no es necesario. El amor no siente envidia ni desagrado por los demás porque otros les tienen más en cuenta, son más honrados o más útiles, o alcanzan mayor conocimiento, felicidad o piedad. No se engríe con vanagloria y orgullo, sino que se muestra siempre humilde. No se comporta indebidamente, sino que de modo natural tiene una disposición agradable y placentera para con todos. Aunque no conozca a aquellos con quienes se encuentra en la vida, actúa con ellos con cariño y cortesía; no busca lo propio, no es egoísta. No es provocado fácilmente. Este es siempre el resultado del amor.

Una madre tiene una paciencia inagotable con sus hijos porque los ama. La persona obstinada, que se enoja fácilmente y se indigna cuando no salen las cosas como quiere y culpa a los otros, carece de amor. El ser provocado fácilmente es una señal de orgullo. El que ama no piensa el mal. La persona suspicaz de los motivos de los otros, que interpreta los actos y palabras de los demás bajo la peor luz posible, no tiene el Espíritu Santo, sino que el diablo está en él. Hay personas que siempre están sospechando herejía o mala intención en los demás. El amor se goza en la verdad.

El hombre que se goza en la caída del vecino, que está pronto a reivindicarse, que exclama con ira: "¿Ves?, ya te lo dije", está muy lejos del amor perfecto. El amor lo tolera todo, lo cree todo, es decir, está dispuesto a aceptar algo como bueno por pequeña que sea la evidencia en su favor. Lo espera todo, aunque haya razón para sospechar el mal; en tanto que haya esperanza lo interpretará siempre en el mejor sentido posible. Cuando se ve a un individuo que no tiene este espíritu no tiene amor.

El amor no produce el mal de su prójimo. Nunca engaña, defrauda, oprime, ni aun desea el mal a su prójimo. El que ama no puede concebir la idea de que otro pueda ser su esclavo. La esclavitud niega los derechos del otro. El que escamotea lo ganado al que trabaja no ama. El que hace cosas así es falso e hipócrita, si es que quiere hacer ver que ama a Dios. ¿Cómo puede decir que ama a Dios si perjudica a su prójimo?

Voy a hacer notar sólo otro de los efectos del amor perfecto. De un modo uniforme se muestra en los esfuerzos para la santificación de la iglesia y la salvación de las almas. Cuando una persona es negligente o deficiente en una u otra de estas cosas, no es perfecta en amor, diga está persona lo que diga.

Conclusión

I. Vemos aquí por qué es verdad lo que dice el apóstol Santiago: "Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino engaña a su corazón, la religión del tal es vana" (1:26).

El hombre que profesa ser religioso pero se permite hablar mal de su prójimo con una lengua sin freno, perjudica al prójimo y se engaña a sí mismo si cree que hay amor al prójimo en él. ¡Extraño amor!

II. Hay mucha luz a veces en la mente respecto a la religión, sin que haya amor ninguno.

Se ven a veces individuos que entienden muchas cosas, intelectualmente, sobre la religión, y que pueden presentarlas a otros, cuando se ve de modo evidente que no son activados por el espíritu de amor. No tienen la ley de la amabilidad en sus labios.

III. Aquellos individuos que tienen mucho conocimiento y celo religioso, sin amor, no son fáciles de amar y son personas peligrosas.

Son siempre personas criticonas, orgullosas, testarudas, y piensan grandes cosas de sí mismas. Producen una gran impresión, pero no producen verdadera religión. Le afectan a uno con celo, pero no bien.

IV. La dirección del celo de un hombre muestra el carácter de su religión y a la vez lo determina.

Muestra si la luz de su mente va acompañada de amor. Si es así su celo no será sectario. Si un hombre está lleno de celo y mal dispuesto contra todos los que no pertenecen a su secta o su partido, este hombre está muy lejos del amor perfecto.

El verdadero amor no denuncia, no es duro. Si tiene ocasión de hablar de las faltas de los otros lo hace de modo amable y con pena. El amor perfecto no puede hablar de una manera áspera o insultante a los demás o de los demás. No hará mucho énfasis en los meros detalles circunstanciales de la religión ni será punticoso en las formas externas. Muchos luchan con fiereza por algunas cosas, en favor o en contra de ciertos puntos accesorios, pero si estamos llenos de amor esto no es posible. El celo que es regido por el perfecto amor no se dedica a contiendas sobre formas externas de religión ni en atacar errores mínimos. El amor hace énfasis en lo fundamental de la religión. Se adhiere a los cristianos fervientes, cualquiera que sea la denominación a que pertenezcan y los ama y se deleita asociándose con ellos.

Este celo no ama las disputas ni las controversias. La persona que se deleita en reuniones religiosas de carácter administrativo para entrar en toda clase de puntos contenciosos no está lleno de amor. La mente llena de amor preferiría no tener que asistir a este tipo de reuniones en las que sólo es evidencia el deseo de predominar. El que ama las controversias en los periódicos no está lleno de amor. Si lo fuera preferiría que le calumniaran, insultaran, rebajaran, antes que defenderse y replicar. Nunca volvería mal por mal, sino, al contrario, devolvería bendiciones. En tanto que le es posible vive en paz con todos los hombres.

V. Cuánto de lo que se llama religión carece de amor.

¡Cuánto de lo que pasa por obras de religión es forzado por causas e influencias externas y no por el poder interno del amor! Tendría que ser mejor entendido este punto, que a menos que sea el amor el resorte que mueve la acción, no importa lo que ésta sea: alabanza, ofrenda, oración, no hay religión en ella.

¡Cuánto entusiasmo que pasa por religión carece de amor! ¡Cuánto celo no tiene religión! Si esta persona es reprendida en algo se indigna y contesta con ira. Bajo la influencia del amor perfecto se daría cuenta que sus circunstancias no le permiten el ejercicio de este espíritu.

VI. Las excitaciones y entusiasmos religiosos que no proceden del espíritu de amor, no son avivamientos religiosos.

Quizá la iglesia está muy entusiasmada, y hay mucho ajetreo, mucho trajín y ruido, pero no hay ternura de espíritu. Quizá los que se mueven muestran un espíritu insolente, rudo, y buscan rencillas con los visitantes. Hay espíritus rencillosos, que se deleitan en provocar a otras personas. Se han dado casos incluso de algunos que lo han hecho para luego traerlos a la convicción de pecado y procuran su conversión. Todo esto son aberraciones. Aunque por otra parte el que algunos en un avivamiento están llenos de ira no es una prueba de que no hay avivamiento religioso allí; pero cuando la excitación general tiene este carácter o prevalece en ella este carácter, no se trata de un verdadero avivamiento religioso. Algunos pueden tener el espíritu de amor, pero los que están imbuidos de un espíritu contencioso y buscan disputas no son verdaderos religiosos.

VII. Cuando las personas profesan ser convertidos si el amor no es el rasgo prevaleciente de su carácter no están verdaderamente convertidos.

Por más que aparezca todo bien en otros aspectos, aunque tengan ideas claras o sentimientos profundos, si no tienen el espíritu de amor de Dios y no aman a los otros, se engañan. No se puede confiar en estos convertidos.

VIII. Vemos lo que sería el mundo si la humanidad fuera accionada universalmente por el espíritu de amor.

Sabemos que llegará el tiempo en que nadie querrá lastimar o destruir, en que el espíritu de amor prevalecerá de modo universal. ¡Qué cambio en la sociedad! Los métodos de hacer negocios cambiarán, y toda relación será distinta, pues cada uno buscará el bien de los otros tanto como el propio. Si alguno de los creyentes presentes pudiera visitar la tierra bajo estas nuevas circunstancias, probablemente no la reconocería.

IX. Lo que Cristo quiere es traer a toda la humanidad bajo la influencia del amor.

¿No es éste un objetivo digno? El vino para destruir las obras del demonio; y ésta es la manera de hacerlo. Supongamos que el mundo estuviera lleno de personas como era Jesús en su naturaleza humana, y comparémoslo con el mundo que tenemos ahora. ¿No sería un cambio así un honor para el Hijo de Dios? ¡Qué glorioso objetivo, llenar la tierra de amor!

X. Es fácil ver lo que hace que el cielo sea lo que es.

Es el amor perfecto. Y es fácil ver que lo que hace que el cielo puede empezar en la tierra; en los que están llenos de amor. ¡Cuán dulce es su carácter; cuánto deleite estar en su compañía; qué bendición vivir cerca de ellos; cuán sencillos, amables, dulces y cuidadosos son, evitando ofender, y amables en todo!

¿Pueden los hombres llegar a esto? Pueden amar a Dios en este mundo con todo su corazón, toda su alma, su fuerza y su mente? Es nuestro privilegio y deber poseer el Espíritu de Cristo, y ¿vamos a exhibir el espíritu del diablo? Amados, que nuestros corazones sean establecidos en amor perfecto, y no demos descanso a Dios hasta que nuestros corazones estén llenos de amor, y hasta que nuestros pensamientos y nuestras vidas estén llenos de amor a Dios y a los hombres. Oh, ¿cuándo llegará a este punto la iglesia? Sólo cuando la iglesia esté llena de amor será hermosa como la luna, brillante como el sol, y terrible para toda maldad, en lugares altos o bajos, "¡imponente como un ejército en orden!"

 

 
 
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